lunes, 27 de diciembre de 2010

PANTANO DE MEZALOCHA, MARGEN DERECHA (12-12-2010)

De nuevo volvemos al pantano de Mezalocha que tan buen sabor de boca me dejo en mi anterior visita hace una semana. Como antecedentes y para ponernos en situación diré que dicho embalse se encuentra sobre el cauce del río Huerva, configurado en una gran depresión rocosa aguas arriba del pueblo de Mezalocha, que se construyó en 1906 y es uno de los más antiguos de la provincia. Debido a su uso para riego, solo tiene agua en invierno y se suele vaciar en Julio y Agosto.
Para esta excursión no llegamos en coche hasta la presa, sino que lo dejamos al lado de las piscinas del pueblo, y siguiendo una corto camino asfaltado llegamos al pantano en 5 minutos, dónde cruzamos la presa para tomar la senda de la margen derecha PR-Z 45. Esta senda circula por la base de los acantilados y cortados que son conocidos por los aficionados al alpinismo, al ser aptos para el inicio a la escalada, especialmente la Peña del Moro. A sus pies una cruz de madera y una placa recuerdan a dos montañeros que fallecieron escalando en mayo del 64.


Cuando los paredones se acaban y salimos a una zona de monte bajo, levantamos la cabeza y a nuestra izquierda en un risco, no damos crédito a lo que vemos: 2 ejemplares imponentes de cabra montés macho, con unas cornamentas preciosas, nos observan, sin inmutarse. Una vez repuestos de la sorpresa, y entre que saco la cámara de fotos y los anteojos, las cabras se ocultan. Subo unos 30 metros para intentar verlas de nuevo, y una vez allí, descubro un rebaño de unos 20 ejemplares, que poco a poco huyen despacio, por un risco, en el que se recorta su imagen en el cielo. Vaya momentazo, ya solo por esto la excursión merecía la pena.



Momentos fugaces, cortos, pero de los que no se olvidan nunca. Seguimos senda y en un rato llegamos al mirador del Hocino con muy buenas vistas a todo el entorno, y que te impide seguir por la senda derecha del pantano. Así que improvisamos por una especie de vereda que baja al barrando del Hocino que remontamos hasta que salimos de el por la izquierda, monte a través, ya que si seguimos dicho barranco hasta su inicio nos alejaría mucho de la presa. Alcanzamos la parte alta de los acantilados y donde la visión del embalse casi a vista de pájaro merece la pena.



La vuelta la realizamos por encima de los paredones, que es como una meseta llena de matorral, sin caminos visibles, pero sin complicación. Desde aquí divisamos el pueblo de Mezalocha. El tramo de bajada al pantano es un poco más complicado, con piedra suelta, pero con cuidado lo solventamos sin problemas.



Una vez abajo, nos acercamos a "visitar" el agua mezalochana del embalse y a hacernos la foto de rigor (Inma, gracias por seguirme a esta aventura). Al ser este territorio comarca de Cariñena, alguno podría confundir dicha agua con ese vino de Cariñena, que nos ha hecho pasar tan buenos ratos.


Aún nos quedo tiempo para pasarnos al otro lado de la presa, a ver la balsa que se forma entre la casa del pantano, los acantilados y la propia presa. Lugar recóndito y apacible de visitar.


Al final concentramos en unos 6 km una enorme cantidad de naturaleza en estado puro, y aumentamos la lista de sitios en los que me gustaría perderme. Y ahora, un video de cabras, con poca calidad, pero como testimonios valdrá.


sábado, 25 de diciembre de 2010

PANTANO DE MEZALOCHA, MARGEN IZQUIERDA (4-12-10)



Una vez estuve cuando anochecía en este pantano, y ya me llamó la atención. Hace unos días visitando un blog de naturalismo, ví unas fotos de la zona, lo que hizo que algo se me removiera por dentro y me dijera a mi mismo: "Hay que volver". Pero esta vez con más tiempo. Así que mochila y carretera. Desde Zaragoza y en dirección hacia Teruel, llego a Muel, de dónde sale una carretera que en 5 km me acerca a Mezalocha, dónde atravesando el casco urbano (no sin problemas, ya que una hormigonera inoportuna me impedía el paso), accedo por un camino hasta el pantano.
Una vez aparcado el coche, en la margen derecha, y con un día soleado y de buena temperatura, paso por delante de la Casa del Pantano, cruzo la presa y remonto la margen izquierda por una senda, que luego llega a una zona de almendros y viñas, no olvidemos que esto es territorio del Cariñena. También pude observar endrinos. Enlazo luego con un camino que procede de la ctra. que une Mezalocha con Villanueva de Huerva, y en el que al ser un embalse navegable, un cartel nos previene contra el mejillón cebra. Llego a un punto en el que la única alternativa de continuar es bajar al lecho del pantano, que en su parte superior esta seco, exceptuando los meandros que hace el río Huerva, cuyas limpias aguas llenan el embalse. Así que realizo lo más parecido a lo que escribió Julio Verne es sus "20.000 leguas de viaje submarino", pero sin agua. Llega un momento en que el Huerva circula pegado a una pared, y en la que eché en falta esa silga que nos ha salvado de un chapuzón en otras aventuras, y que me impidió el paso.
Las alternativas de vuelta eran o por el mismo camino o cruzar el río y volver por la margen derecha. Entre que iba sin bastones, no había un lugar muy claro para vadearlo ni conocía la otra margen, opté por la primera elección, pero esta vez pegado al pantano, por los campos de cultivo, y en los que pude apreciar todos los encantos de este coqueto pantano.
El pantano está rodeado de paredes verticales, ideales para la practica de la escalada, para los humanos, y como lugares de anidamiento, para muchas aves, especialmente buitres, de los que hay una colonia muy numerosa. Más abajo, en las aguas, un constante ir y venir de garzas y cormoranes, y hasta un vehículo incrustado en el agua, que supongo que caería por un cortado desde un campo de almendros. Así pude ver las muchas cuevas que hay en la zona, dos de ellas muy grandes y que se ocultan cuando el nivel sube al máximo.
Así que deshaciendo lo andado, me presento en el coche, dónde me como el bocata, y como me quedo con hambre, de aventura, me acerco a Muel, dónde visito una vez más su parque con la presa romana y descubro por casualidad un pasadizo que corre paralelo al parque, como si hubiera sido un acueducto, pero excavado en la roca, y con buenas vistas a la cascada del Huerva. Y para casa, pero en vez de carretera y manta, fue café y carretera.
Un día inolvidable, y que sin ningún preparativo previo, me llevo a lugares desconocidos, sin ver a un alma, y de los que te cargan las pilas para unos días. Eso sí, la margen derecha del embalse de Mezalocha, nos espera con sorpresas, estad atentos a este blog.

viernes, 24 de diciembre de 2010

LA COCHA, 1.040 m. (8-12-10)



Nuestra idea inicial de ir a Armantes y comer en Marivella fue frustrada por una batida de jabalí y el barrizal más que probable que se forma por esa sierra cuando llueve. Así que si Armantes se nos negaba no íbamos a permitir que se nos negara también el asado de Marivella. Así cogiendo como punto de partida dicho establecimiento me saqué de la manga dos ruticas con las que hice una, que consistía en subir a La Cocha, bajar a Huérmeda, subir a las ruinas romanas de Bílbilis, bajar de nuevo a Huérmeda y subir a Marivella, dónde previamente habíamos reservado mesa para cuatro comensales, todos ellos componentes de la Peña Gastronómica El Peregrino: Goyo, Miguel Lagi, Laureano y Chema.
A las 8 comenzamos a andar en una mañana sin mucho frío, pero con un molesto viento acentuado contra más altitud cogíamos. Primero fuimos paralelos a la ctra. nacional en dirección Zaragoza por su lado izquierdo hasta que poco a poco nos fuimos apartando y siempre por pistas hacia arriba, bien señalizadas, llegamos a la cima de la Cocha, modesta cumbre pero con buenas vistas de la comarca. La bajada la hicimos por la parte opuesta a la subida, por pista, en dirección hacia Marivella, pero decidimos arriesgar y meternos por un barranco desconocido, que más tarde nos dijo su nombre, San Blas, que estaba bien balizado, y a mitad de camino tiene un mirador desde el que se aprecian diferentes construcciones de varias épocas, desde romanas como Bílbilis a otras más modernas. El final del barranco era el pueblo de Huérmeda, que atravesamos por sus calles, para una vez cruzado el Jalón dirigirnos por la ctra. que va a Calatayud un km. aprox. para desviarnos hacía la monumental e histórica ciudad romana de Bílbilis.
Desde la ctra. hasta la ciudad hay una subida muy fuerte, que se ve compensada por la contemplación del teatro, el foro, las termas, y demás construcciones que rodean la ciudad, entre ellas bastantes aljibes. Retrocedemos por el camino de subida hasta Huérmeda, dónde una vez cruzado de nuevo el Jalón, lo remontamos por su margen derecha en un bucólico paseo por el soto que acompaña al río, hasta que el camino se separa del cauce y va subiendo poco a poco hacia Marivella, no sin antes cruzar por encima del AVE, que sale a saludarnos a nuestro paso.
Ya en el restaurante, y no sin antes echar una birra, la entrega de trofeos para todos los asistentes, que consistió en sopa con garbanzos, ese ternasco asado que fue el leit motiv de esta escapada, y todo lo demás en formato de vino, postre, café y copa. Y para bajar todo eso, un guiñotico a cara de perro, sin rencores.
Buena jornada, en inmejorable compañía, y es que, aunque hagamos lo mismo juntos, siempre es diferente, algunos lo llaman amistad.

domingo, 19 de diciembre de 2010

ZARAGOZA, JUSLIBOL, MOZALBARBA, UTEBO... y unas chuleticas (19-12-10)


Para este mes de diciembre y como actividad experimento el CAU nos ha propuesto una excursión senderista-gastronómica desde Zaragoza a Utebo, siguiendo el GR-99 o camino del Ebro, que coincidía también con parte del Camino de Santiago del Ebro. Los más fuimos andando, un grupo menor en bici y dos corriendo, al final de la unidad de BTT se unieron dos más desde La Muela.
Saliendo desde la Lonja en la Plaza del Pilar, nos hemos ido por el Parque del Agua hasta llegar a Juslibol y sus galachos, y cruzando el puente que une Alfocea con el resto de la galaxia, nos hemos presentado en Monzalbarba, y seguidamente en 2,5 km en Utebo. Al final nos hemos metido como el que no quiere unos 19 km, en buena compañía, contando las batallitas del año que se acaba y comentando las que nos esperan en el 2011.
Una vez en Utebo, en el restaurante Los Olmos, nos esperaba (quizá, y con más propiedad, lo correcto sería decir que nosotros esperábamos) ese homenaje al colesterol, leáse chorizo, longaniza, morcilla y ternasco, aderezado todo ello con ese vino que nos ha hecho famosos. Y para disimular algo de ensalada, postre y cafés.
Para terminar, una pequeña representación de la Brigada Pacharana, se auto-tranfusionó sus dosis habituales de licor de endrinas, haciendo apología de dicha bebida y arrastrando a la perdición a varios miembros del CAU que hasta entonces parecían inmunes a dicha pandemia.
Resumiendo, que es gerundio, la gente se ha quedado con ganas de repetir esta experiencia piloto, y es que ya se sabe, si de por medio hay que tragar, no veas la gente que se quiere apuntar. Y para volver nada de zapatilla, inauguración del cercanías o ese tren de pueblo que parece un AVE, interesante.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

ESTRECHOS DEL RÍO EBRÓN (3-10-10)




Como no tengo tiempo para subir todas mis aventuras, a veces hecho mano de mis reporteros amigos, como en esta ocasión, en la que la elegida ha sido Clara, cántabra ella, y que nos aporta su visión de la 1ª excursión de senderismo del CAU de la temporada 2010-2011. Ahí va:

El domingo 3 de octubre de 2010, nos volvimos a juntar en el Rectorado para salir de senderismo. Yo iba con sueño infernal, apenas había dormido por miedo a no oír el despertador, pero así y todo no dormí en el viaje y leí en "el buq".
Paramos en un bar de la carretera entre Sagunto y Burgos, en la provincia de Teruel, donde sirven el café con leche en grandes vasos de vidrio.
Qué bien sienta volver a hablar con la gente maja de estas excursiones.
En el bus, Luis explica en verso nuestra trayectoria: "Excursión desde El Cuervo a Tormón, por el río Ebrón". El río Ebrón es un afluente del Turia, estamos justo en el límite entre Aragón y Valencia, de agridulces recuerdos. El Ebrón es un río truchero donde antiguamente pescaban con las manos y ahora está prohibido. Es el río más limpio que imaginarse pueda, "como todos deberían estar", dice Isabel, y lo secundo.
Vamos por el sendero de los Estrechos, de orografía escarpada, sierra caliza de unos colores ocres y rojizos impresionantes salpicado de infinidad de verdes de los pinos y eso que el otoño aún parece no haber empezado en esta región.
Se me ha olvidado la cámara, la crema solar, el bikini y toalla para secarme... No me pesa lo primero, así me fijo y escribo; además cuento con las fotos que me han hecho Chema y Yenling. Lo segundo, tampoco, así recupero el color del verano, lo tercero... un poquito más adelante sí, para qué lo vamos a negar.
He venido con los dos palos nuevos para aprender a caminar con ellos y estar preparada en futuras excursiones donde de verdad sean necesarios. Me han ayudado a mantener el equilibrio para cruzar el río sobre las piedras húmedas.
Comemos en una especie de puente natural sobre el cortado (que antes hemos visto desde abajo para tocar el agua fresca).
Huele a tomillo y hierbas aromáticas.
Hasta la hiedra amarilla parece que brilla con luz propia a la sombra del camino. Subimos y bajamos por un sendero de bosque, maravilloso, hasta la cascada de Calicanto (oh, qué nombre de cuento, como el castillo de irás-y-no-volverás), allí, los que llevaban bañador se metieron... Unas chicas y yo nos pusimos los zapatos de agua (menos es nada) y llegamos a tocar el "musgo"... detrás de esa cascada pueden haber miles de mundos por explorar, por inventar...
A la salida, se cruzan las antiguas dependencias del molino, que conservan la turbina de la central eléctrica (¡fundida en Zaragoza!) Un carretil desemboca en unos 700 m en el pueblo de Tormón, atravesando campos de cultivo protegidos por botellas de plástico colgando de los árboles con objeto de espantar a los pájaros.
Tormón significa "tormo grande" y me dicen que "tormo" significa "terrón" (de azúcar, por ejemplo) en aragonés, así que se refiere al enorme peñasco vertical que saluda a los caminantes al entrar al pueblo.
Gárgolas de material reciclado y una iglesia muy bonita con el tejado de colorines, al pie de la cual encontramos a los promotores de la excursión.
Esta crónica no me ha salido como esperaba, escribo en Thor sentada en el salón de la casa de Santander, con el corazón encogido y los nervios en punta, me tengo que ir a estudiar ya...

lunes, 8 de noviembre de 2010

BARRANQUISMO POR MARÍA (6-11-10)




Mañana de sábado, con mucha niebla en Zaragoza, y día soleado con más de 20º en María de Huerva. En la Casa de Cultura de María, un cortado y bocata para llevar, y camino hacia las Planas.
La idea era subir por el barranco del Cabezo Sillón, idea abandonada al poco de iniciar la subida por el fondo, debido a las piscinas naturales que ha hecho el agua y que lo hacen inaccesible desde ese punto. Entre este barranco y el de la Morera, recientemente pisoteado por mis botas, se encuentra uno en medio de los dos, que se llama?... BARRANCO DE ENMEDIO, correcto ¡¡¡.
Pues como iba diciendo, retrocedo y cojo el del medio, salvo un primer obstáculo que me obliga a salir de el por una ladera, y unirme a una senda que pronto se une con el mismo barranco. A partir de ese momento la senda discurre entre paredes, pinos solitarios y la sombra que a ratos proporcionan ambos, y que sorprendentemente para la fechas que corren sabe buena. La sorpresa corre a cargo de 2 moteros que bajan por la senda, estrecha para caminantes, estrechísima para esos ruidosas máquinas. Poco antes de acabar el barranco, me desvio a la izquierda para en unos minutos plantarme en una especie de gradas, con forma de anfiteatro natural, que hace las veces de mirador (pensando en mi soledad, detecto con mis anteojos un ciclista lejano y un par de buitres) y comedor (ingesta de bocata), incluso de dormitorio, y es que ese sol que aún calienta invita a sestear un rato. Unos metros arriba las Planas, llanura que contrasta con la cantidad de curvas que miran hacia el Huerva, y que de repente, van a bajar 7 intrépidos beteteros extremos, con cascos como de motorista, y que bajan las gradas como el que se come una croqueta.
Durante la subida y la bajada se pueden observar bastantes huellas de animales, las que dejan con los pies y las que dejan sus tripas, y que mi incultura en estos asuntos me impide realizar una identificación correcta de los animales en cuestión.
La bajada se realiza cresteando hasta que un cortado me impide el paso directo y me obliga a bajar unas lazadas hasta otro barranco del que me desvio para hacer una visita obligada al castillo de María y las ruinas que lo rodean conocidas como Lugar Viejo, y que son el antiguo asentamiento de María.
Para acabar el día tomo un camino que ha desaparecido por la presión agrícola, y como al maratoniano que es jaleado al llegar a meta, a mí salen a recibirme varios caballos de la yeguada San Antonio, quizá esperando su terroncito de azucar. Vuelvo a la Casa de Cultura, pero esta vez a ingerir dos dosis de cultura cervecera.
En resumen, un gran día, a pesar del dedo gordo de mi pie derecho, que con su esguinze, quiso amargarme al final.

miércoles, 13 de octubre de 2010

INSISTIMOS POR MARÍA: CABEZO SILLÓN (19-9-10)




Eran las 8,00 de la mañana, habíamos quedado para echar un café en el mesón de Aragón de María de Huerva, cuando nos dimos cuenta los 4 participantes (Chema, Charly, Javier y un servidor, Goyo), que nuestra excursión peligraba; una cuadrilla de cazadores de jabalíes, se disponía a realizar una batida, al parecer, cerca de donde nos íbamos a desplazar. Después de varias indagaciones, decidimos emprender la marcha ya que ellos se dirigían a otro lado.
Fue sin danos cuenta, subiendo dulcemente, nos incrustamos en un castillo en ruinas, por donde dimos un garbeo observando lo poco que quedaba de él, sin olvidarnos de las vistas, con el pueblo de María a lo lejos. Ya no tan alegremente continuamos ascendiendo hasta el pico Sillón donde dejamos nuestras plegarias a una renqueante Virgen que allí posaba junto a unas piedras, eso sí, con un candado del "15" para que ningún desaprensivo se la llevara. Como no encontrábamos un descansillo para poder almorzar, yo mismo elegí el lugar (nada del otro mundo, pero el hambre.......) Aquí fué violada mi tradicional bota de vino: sobada, apretada, incluso ví a alguno que se la metía en la boca y le chupaba el pitorro, y eso que el vino estaba un poco "avinagrado".
Después ascendimos un poco más, hacia las Planas de María, y en la balsa de Corralé iniciamos el descenso por una arista que nos llevaría al fondo del barrando de la Morera, por el que empezamos a descender como una cuadrilla de jabalíes, pero sin huir, todo lo contrario disfrutando del paisaje y ansiosos por llegar a María donde el Choto y su novia, nos ofrecieron un espectacular vermut en su casa, con toda clase de alimentos y bebidas (algunos ya no comieron, cenar sí).
Seguimos enganchados a María, y con ese vermú del 10, más todavía. Gracias Javi y Loli por ese espectacular agasajo.

Crónica de Goyo, cabreado por no poder quedarse al vermú hasta el final.

lunes, 20 de septiembre de 2010

RUTA POR LA VAL DE LUESIA (12-9-10)



Puy Moné



Bar de Luesia

En este grupo de caminantes del que intento formar parte, se anda, creemos, todos juntos, una vez al año…una debió de ser hace tiempo y otra será igual el año que viene, por que hoy sólo dos aventureros nos hemos animado, eso si, con la ausencia justificada de Conchi, “la empresaria de la naturaleza”, que habría disfrutado de lo lindo en un lugar así, pero su trabajo se lo ha impedido.

Ha sido un día espectacular por muchas cosas… Siempre que un jefe de andadas te dice una ruta, hay que poner fe ciega en él y seguirle y en este caso, y ya que encima es santo, “San Chema del Castellar”, pues sin más que hablar no podía decir que no y como premio a mi fe, hoy ha conseguido que descubra uno de esos sitios a los que no te importaría volver y en los que no te importaría perderte.

Hemos madrugado, pero entre el camino hacía Luesia que no es muy corto y que siempre te vas parando para descubrir y recordar cosas (como la ermita del Castellar que ha vuelto a ser una compañera en parte del camino), pues nuestro primer contacto con la zona a descubrir ha sido gastronómico, ya que en un bar de Luesia, en el que te invitan una vez al mes, una fue ayer y la otra será mañana… (mala suerte hemos tenido para esto), nos hemos zampado una tortilla de tres huevos recomendada por el dueño de manera casi secreta, que ha hecho que todo fuera más fácil y que descubriéramos más tarde que los de Luesia a veces tienen exactamente tres huevos… pero esa es otra historia!

Comenzamos a andar sobre las 12 del mediodía, vamos a decir, pero el día acompañaba por el fresquito y los parajes de bosques tan frondosos, que ya camino desde el refugio de L`Artica hemos salido hacia la primera fuente del día, eso si, ya teniendo el primer encontronazo con la naturaleza y no muy bueno, ya que no encontrábamos la senda, estaba todo lleno de zarzas, algo que nos hacía pensar, que iba a ser un día difícil, pero todo lo que cuesta siempre es lo mejor, y de manera rápida y con ayuda de ese gran compañero GPS encontramos otra senda y ya todo ha sido caminar y disfrutar.

Todo el camino estaba lleno de carteles de rutas botánicas, que te iban enseñando los nombres de todos los árboles del lugar y ha sido entretenido ir aprendiéndolos e incluso adivinándolos.

La segunda fuente encontrada, la del Pueyo, es un lugar donde había algún visitante (los únicos seres vivos vistos en toda la andada) y un tejo pequeño, compañero al lado de una placa que rezaba algo sobre que alguien había elegido ese sitio para descansar, para siempre creemos.

Ya nos encaminados al mirador del Pui Fonguera, no antes sin ver el tejo centenario, catalogado como árbol monumental, en una senda con tilos, arces, hayas y demás plantas como “ajos de oso”…que no sabemos que son.

Sin buscarlo en el ascenso nos encontramos una arañonera, cado de endrinas que no desvelaremos, solo bajo tortura o chantaje de tortilla de al memos 5 o 6 huevos, ya que va ser de donde produzcamos el pacharán para este invierno.

Luego tomamos dirección hacia el mirador situado en el Puy Fonguera, pico vecino del Puy Moné. Este mirador se merece una mención especial, allí se encuentra el antiguo GR1 y es un sitio impresionante desde el que se ve la sierra de Santo Domingo y casi todos los picos pirenaicos al fondo, un sitio, tranquilo, agradable, donde se respira y huele a naturaleza que da gusto.

Un lugar despoblado de todo ser vivo que no fuéramos nosotros, si acaso una vaca que escuchamos y nunca vimos…es que son listas las condenadas por la zona, si vierais como abren las puertas y salen de los cercados alucinaríais.

Es un sitio para sentarse, respirar hondo y darse cuenta de que bonita puede ser la naturaleza vista desde arriba, un balcón de montes y de bosques impresionante.

Después de disfrutarlo muy agradablemente comenzamos la bajada buscando la Senda del Correo, que también se pone difícil de encontrar en una maraña de letreros, pero una vez encontrada la disfrutamos y ya nos acompaña hasta nuestro destino final que es el coche. Una vez allí, todavía tuvimos tiempo de disfrutar de un banco con mesa a la sombra, por que casi daba pena irse del lugar.

Terminamos la jornada viendo el pozo Pigalo de difícil acceso por una carretera tan mala y que te hace ir más lento que el caballo del malo en las pelis del Oeste.
Nos zampamos un piscolabis y el sitio también está bien, pero ya con demasiada gente y más desechos humanos de los deseados, viniendo de semejante remanso de soledad.

En definitiva, yo volveré a este sitio, ya que hacía mucho que no estaba en un lugar tan tranquilo, que se respirara tanta paz y tan bonito y al que no cuesta llegar, ya que en total serán unos 9 km de sendas sin mucho desnivel y muy agradables.

Aquí adjunto datos técnicos de la ruta:
Ruta obtenida en http://senderos.turismodearagon.com/ruta.php?id_ruta=650
Aventureros: San Chema del Castellar e Isabel “La niña de la sirga”
Tiempo: soleado, unos 25 grados de máxima
km 9,91 tiempo mov 2:43 media en mov 3,6 detenido 1:46 media total 2,2
ascenso total 377m descenso total 361m

Solo os digo compañeros aventureros que mantengáis la fe y que sigáis siempre a quién disfrute de la montaña y la naturaleza, que siempre os enseñara buenas cosas y lugares impresionantes y lo mejor de todo, es que lo haces en buena compañía.

Gracias Chema, por enseñarme este lugar, que yo sola no habría conocido.

Y por no atropellar ese lindo erizo de la carretera….

Isabel “La niña de la Sirga, del Galacho y del Pui Moné) ya me pongo yo solita los títulos que para eso voy.
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martes, 14 de septiembre de 2010

DE LA CODERA EN ALAGÓN HASTA EL EMBARCADERO DE TORRES DE BERRELLÉN ... EN PIRAGUA (5-9-10)






Después de recorrer la zona del título de esta entrada por ambas márgenes del Ebro, ya solo nos quedaba recorrerlo desde dentro del mismo río, y ya que no se me concedió al nacer el don de caminar por las aguas, tuve que contratar los servicios de Ebronautas para realizar el "milagro" con la ayuda de una piragua de las que llaman insumergibles. Lo de hacerlo volando y buceando, quizá en otra ocasión.

Conocía la margen derecha cuando iba de peregrino por el Camino de Santiago del Ebro, y la izquierda, conocida como el Castellar, recientemente, el día más caluroso del año, con las penurias que ya comentamos.

Así que no encaminamos al polígono La Ciruela en Alagón donde nos esperaban los que andan sobre las aguas para realizar la transacción económica que nos daba derecho a ser usuarios de una piragua. Seguidamente nos guiaron a la Codera, lugar en el que una vez enfundados con un chaleco salvavidas, recibimos un mini-curso sobre el manejo de las palas y... patos al agua. Los primeros temores se disipan en un minuto cuando ante ti se abre una perspectiva totalmente diferente a lo que se puede ver desde las orillas. A todo eso contribuía la facilidad de manejo de la nave, la simpatía de los Ebronautas, y como he dicho, la visión de la faceta más recóndita del río. Nos esperaban unas 4 horas de aventura sobre ese gran desconocido que es el Ebro y que cambiaron para siempre la percepción que teníamos de el.

Frondosos sotos, fuentes de agua dulce que dejan sus aguas en el Ebro, imponentes escarpes de yeso sobre los que se asienta el castillo de el Castellar, observación de garzas, milanos y otras aves, y a mitad de camino, parada y fonda en el Barranco Salado dónde nos obsequiaron con una cerveza y patatas fritas. Para hacer la digestión remontamos dicho barranco ya a pie, por el que baja auténtica agua salada y recibimos una clase de geología de la zona, con foto curiosa incluida de unas 40 personas en medio de un secarral con chalecos salvavidas al estilo vigilantes de la playa. Luego un baño en el río, quién me lo iba a decir.

De nuevo en el río con nuestra piraguas llegamos al embarcadero de Torres de Berrellén en el lado del Castellar, donde estaba la barcaza, que una vea cargada con piraguas y piraguistas, fue conducida a la otra orilla, dónde finalizó esta excursión, que no dejaré de recomendar a todo aquel que me pregunte.
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sábado, 4 de septiembre de 2010

LA ALFRANCA - SOTO DEL RINCÓN FALSO (4-9-10)




Después de la dureza de nuestra última excursión, nos decantamos esta vez, a petición del núcleo duro de este grupo, la sección femenina, por algo que no tuviera ninguna exigencia física. Para esta ocasión los especialistas elegidos fueron Isabel, Joaquín y Ana Cris como estrella invitada, acompañados como casi siempre por Conchi y Chema. Estos fueron los diferentes puntos de vista de la jornada:

EL NATURALISTA
En La Alfranca hicimos una visita guiada a su galacho, donde pudimos aprender sobre muchos de los arboles que pueblan estos terrenos, de lombrices que se enroscan y sueltan sustancias químicas malolientes para espantar a todo el que ose tocarlos, del canto de las aves que se escuchan pero que no se ven. Soto, mota, madre, carrizal, mejana, palabras que además de escucharlas, en este caso sí que se ven. Hasta descubrimos el negocio de estraperlo de regaliz de palo, hojas de morera y gusanos de seda que tenía Conchi de pequeña en el colegio. El misterio lo puso la plantación de tomates silvestres que dicen las malas lenguas que existe en una de las mejanas del río, y que no encontramos. Desde el observatorio solo vimos algunos patos, nos dijeron que en invierno es mejor época para avistar aves.

EL SENDERISTA
Desde la Alfranca nos dirigimos al Soto del Rincón Falso, aguas abajo del Ebro. Disfrutamos de una gran variedad de paisajes, desde campos de cultivo y pinares hasta sotos selváticos. Para salir de estas selvas se pasea por un corredor ecológico donde el sol no entra y se agradece. Para volver usamos caminos agrícolas más lejos del Ebro, que nos llevaron a unos majestuosos pinares adornados con mesas y sillas de madera para el descanso del caminante. Lo dicho, paseo suave, sin desnivel, unos 7 km.

EL LÚDICO
Durante el camino anterior nos dedicamos a la práctica del geocaching, un juego a nivel mundial que consiste en encontrar "tesoros" escondidos con la ayuda de un gps y las coordenadas publicadas en internet. Localizamos dos, uno en unos pinares y otro en las cercanías del jardín de rocas, ya en La Alfranca. Chicos, directos a la multi-aventura.

EL GASTRONÓMICO
El guía del galacho nos hizo varias recomendaciones al respecto, que una vez trasladadas al oráculo, sirvieron para que nos diera su sabio dictamen: EL RESTAURANTE VICTOR DE MOVERA. Su sabiduría, unida a la presencia como cocinero en dicho restaurante de uno de mi pueblo, nos condenó inexorablemente a cometer el pecado capital de la gula, que no el del despilfarro, al ascender la cuenta a 20€ por persona. Luego, pacharán en terraza en la plaza de Movera con una visita inesperada, Ana, una de nuestras primeras colaboradoras y cofundadora de este grupo. Y si hubiéramos querido, y ya que eran fiestas en Movera, vaquillas con la presencia del toro Ratón. Acto que cambié por una siesta hasta las 9 de la noche. ¿Alguien da más?
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viernes, 27 de agosto de 2010

EL CASTELLAR (22-8-10)

VERSION 1.0

Acepté el reto de Senderos al Sol. Porque si les dices muchas veces que no, no te vuelven a llamar. Y siempre había querido caminar por esos mundos de Dios y poner a prueba mi resistencia. El reto era ir hasta la Ermita del Castellar, 11 km de nada. Llegamos un poco más tarde de lo acordado pero los víveres eran importantes, y enseguida nos pusimos en camino. Antes de llegar a la zona militar pasamos por un camino llano, amable de pasear a esas horas de la mañana. Nada más alcanzar la Finca Santa Inés, teníamos el desvío de la zona militar. Nos encontramos ya con el primer reto importante, y es que esa zona es reservada para hacer maniobras militares. Asumimos el riesgo pensando que en un domingo de Agosto no pasarían muchos militares por ahí, y la verdad es que la ida fue tranquila, viendo el paisaje agreste, desértico y atigrado tan característico de las tierras colindantes al valle del Ebro. Conseguimos bajar al barranco Salado, por dónde transcurre un hilo de agua salina, y se podía apreciar los restos de sal en los lados. El reto era continuar por un camino hasta llegar a la ermita, tan solo quedaban unos dos kilómetros hasta llegar, pero el cansancio debido a las altas temperaturas nos hizo parar a casi todo el equipo. Sólo Chema llegó. El resto nos dirigimos a la rivera del Ebro, descubriendo una zona para poder descansar y refrescar nuestros cuerpos ya muy sudados. El último reto fue sin duda alguna el más arduo de conseguir. Sin apenas agua, y con una temperaturas cercanas a los 35 grados (o más), sin sombra y muy cansados, conseguimos llegar de nuevo a la finca Santa Inés en cerca de dos horas. El ritmo no lo perdimos, ni la alegría cuando vimos el nissan de Chema venir a recogernos con agua, acuarius y aire acondicionado. Paseo recomendable, pero en Otoño.








VERSION 2.0

¿Qué hacen cinco pardillos en plena estepa, paseando un domingo de Agosto cuyas temperaturas alcanzaron los máximos del año? Buscar una Ermita, la del Castellar, situada a 11 km del Caserío de Pola. La cosa prometía cuando nos costaba encontrar la ermita allá (dónde coño es allá), probablemente debido a que ya empezábamos a ver ilusiones ópticas llamadas alucinaciones. ¿Por qué solamente llegó Chema y el resto de rajó? Probablemente porque Chema estaba haciendo puntos para llegar al Olimpo, aunque probablemente él no lo sabía. ¿Qué hicimos el resto? Bañarnos en el Ebro... sí, señores, lo han leído bien. Mojamos nuestros pies sudorosos en la propia ribera del río, el único sitio dónde estuvimos frescos. ¿Nos dio asco? Pues chico.. quizá al principio un poco, pero miro ahora mis pies y no se me han caído a cachos, con lo cual en ese punto (probablemente en ese sitio), el agua del río no es tan sucia como parece que está. ¿Cuándo llegó Chema? Como a la hora aproximadamente, sudado, cansado pero orgulloso, como buen líder que es, diciéndonos que la Ermita existía. Hay pruebas gráficas de la misma. ¿Por qué volvimos a la una y media del medio día? Yo qué sé... el tema es que nos pusimos en camino, pasando por los cadáveres de las ovejas que estaban en el barranco de la Virgen. ¿Conseguimos descansar en algún momento? Si, en la única (y perdón por la expresión) puta sombra que había en dos horas de camino. Sentadas en unas aliagas encontramos un descanso algo reparador. ¿Qué sentimos cuando llegamos a la Finca de Santa Inés? Placer, como cuando te comes una onza de chocolate. ¿Quienes fueron los auténticos héroes del domingo? Chema y Carlos, Carlos y Chema que sin agua, aún recorrieron tres km más para salvar a las damiselas que yacían, exhaustas, a la sombra de un pino. ¿Pero visteis a alguien en todo el camino? Mmmmm... No.


Belén R.

lunes, 23 de agosto de 2010

TORRERO - BALSA DE LARRALDE (21-8-2010)


Esta ruta la tenía en la agenda de retos pendientes, hace mucho tiempo. Nunca había encontrado la forma de hacerla ni la gente. Para hacerla andando ida y vuelta era un poco larga, volver en bus desde Torre Medina era posible pero poco gallardo, así que decidí hacerla en bici en compañía de mi amigo Jesús "el bombero", el único al que pude engañar. Aunque en bici, y para un profano como yo, no deja de ser dura (50 km), pensé que iba endurecerla algo más, y sólo se me ocurrió una manera: empezarla a las 12 de la mañana con temperaturas cercanas a los 40º. En realidad, no se me ocurrió a mí, es que Jesús trabajó la noche anterior y se levanta sobre las 11 de la mañana.

Lo demás es sencillo. Apareces en Torrero, ves un canal (el Imperial de Aragón), y empiezas a remontarlo por cualquiera de sus orillas, a partir de Valdefierro solo por la izquierda. Pasas por las esclusas de Casablanca, al lado de la fuente de los Incrédulos, Valdefierro, diferentes almenaras, Garrapinillos, y al final la balsa de Larralde, en el barrio de Torre Medina, llena hasta las cachas de agua y aves acuáticas, y si pides las llaves en el bar las puedes contemplar desde un observatorio.

La vuelta la hicimos por el aeropuerto, entrando en el gigantesco y desierto parque de PLAZA, donde estaba funcionando el riego por aspersión, cosa que aprovecho Jesús para darse un baño en pelota picada en compañía de su bici. ¿He dicho desierto? Casi, sólo los pasajeros que ocupaban el avión que despegaba en esos momentos pudo contemplar ese cuerpazo. Por lo demás ni un alma, ¿quién va a haber a las 3 de la tarde en un parque con árboles pequeños que no dan sombra y a 40º? Sólo dos tontos.

Luego volvimos a Zaragoza por la otra orilla, la derecha, hasta casa, la República Independiente de Torrero, dónde cogí el uniforme de bañista y me fuí a la piscina de Salduba, dónde me esperaba otra banda. Cuando entre en el agua me pareció ver a la virgen entre los pinos.

Por último y para acabar, solo queda poner la nota gastronómica, que corrió a cargo de nuestro restaurante amigo de la zona, La Buhardilla de Garrapinillos, donde degustamos unas ensaladas XXL, unas costillitas y un bacalao frito con ajos, suficiente para seguir pedaleando... hasta Fraga, si hubiéramos querido.

martes, 17 de agosto de 2010

TRINCHERAS DE ALCUBIERRE (16-8-2010)




Casi 4 meses. Ese el tiempo pasado desde mi último post. No es que no haya hecho nada por esos caminos de Dios, ni que no tuviera cosas que contar (por ejemplo la gloriosa concentración bloguera), creo que simplemente es una indolencia virtual pasajera, de la que espero reponerme con este mini relato, basado en hecho reales (espero que los cenefos no me reclamen los derechos de propiedad, aunque sé que me dirían que la historia es de todos).

Después de pasar bastante rato buscando una ruta acorde a las exigencias de Conchi (corta, sin subidas, con fuentes cada 10 metros, bancos para sentarse, sucursales de Ikea cada km, estancos con tabaco en la ruta, chiringuitos con aquarius, etc), lo único que encontré fue una "cenefada" que oportunamente acortada y maquillada, y bien vendida, nos dispusimos a hacer, con una pachorra del 10 (empezamos a andar a las 12 de la mañana).

Lo demás es sencillo de relatar. Caminos de Los Monegros, rodeados de cultivos de secano ya cosechados, y de bosques de pinos, carrascas, sabinas. Buena combinación para las fotografías. Muchas parideras, corrales, todos abandonados. Y lo que deberían haber sido surcos de diferentes cultivos regados con agua (si la hubiera en la zona), eran trincheras regadas con sangre de hace años. Aquí un monumento a los caídos, allá unos paneles informativos. Me viene a la memoria el orgullo que sentía mi abuelo cuando enseñaba su carnet de "mutilado de guerra", mientras se echaba la mano a los riñones sintiendo todavía la metralla en sus carnes.

Luego, yo fuí casi el mutilado de las iras Conchi, cuando comprobó las falsedades con las que la arrastré a visitar esta zona, y que fueron mitigadas con 2 pinchos de tortilla de patata de una factura impecable adquiridos en un bar de Santa Isabel a la ida, y 2 aquarius bien frescos a la vuelta, en Perdiguera y Villamayor. Al ser lunes festivo no le pude comprar el anillo de diamantes.

Sólo me queda dar las gracias a los amigos cenefos de este vuestro blog amigo, y parásito. Eso sí, os recomiendo su crónica, lo mio ha sido otra cosa:

miércoles, 19 de mayo de 2010

SIERRA DE ARMANTES (25-4-2010)



UNA DE CASTILLOS por Javi el Liante

...
Puedo ser pequeño pero tengo un castillo
si te lo imaginas ya puedes entrar.
A cantar de noche me enseñaron los grillos
y sé alguna cosa más.
...


Parafraseando la canción de Fito, de eso trata esta salida, de castillos. El primer castillo es el precursor de la actividad, Chema Castillo, indispensable en el grupo, él y su inseparable gps. El segundo castillo es el castillo de Qal'at Ayyub, que da el nombre moderno a la antigua ciudad de Bílbilis y que nos sirve de calentamiento cultural, y también físico debido a la exigente cuesta que hay que remontar hasta llegar a la explanada donde se encuentra la fortaleza. El tercer castillo, en este caso castillos, los de Armantes, escondidos desde su acceso a través del barranco del Salto pero surgiendo en todo su esplendor una vez llegado al collado que da fin a dicho barranco, y ya acompañándonos, majestuosos, en la bajada hacia la merecida y ansiada comida que nos espera, una vez finalizada la excursión en Cervera de la Cañada, en el cercano pueblo de Aniñón.

La excursión parte de Calatayud, puntual a las 9 de la mañana, y tras haber hecho acopio de fuerzas con el primer tentempié matutino en el hostal Calatayud, donde Chema nos alerta de las dos primeras dificultades de la jornada: la existencia de ganado vacuno suelto en el recorrido, que provoca en Juan Carlos un empaledimiento instantáneo -está a punto de desmayarse- ya que viste camiseta roja pasión, y la necesidad de vadear el río Ribota antes de llegar a Cervera de la Cañada, dificultad comprobada in-situ por él mismo en la jornada anterior, cuando, aplicado él, hizo la preparatoria de la excursión. Bueno, centrémonos, que me voy por los cerros de Ubeda, o mejor dicho, de Calatayud. Saliendo de la plaza de San Benito y atravesando varias calles, callejas y recodos de Calatayud, incluido el archiconocido Mesón de la Dolores, llegamos al primer punto confictivo de la jornada, justo, como diría Gabinete Caligari, Camino Soria. Allí donde empieza la antigua carretera que nos llevaría a tierras castellanas, se nos plantea la duda de si empezar entonces la excursión en sí o plantear un primer desvío para visitar el castillo de Qal'at Ayyub y contemplar, desde lo alto, tanto la ciudad de Calatayud como las sierras circundantes del Sistema Ibérico. Como somos varios los que no conocemos el castillo, decidimos tomar esta última opción y añadir un castillo más a la jornada, encaminándonos, con alguna queja que otra debido a lo empinado del terreno, a la fortaleza donde los musulmanes, desde el siglo VIII, hicieron de Calatayud una de las principales ciudades del reino de taifa de Zaragoza, con momentos de gran esplendor cultural, hasta que Alfonso I de Aragón le puso sitio en el año 1120. Majas vistas las que se divisan desde el castillo, con la ciudad de Calatayud a nuestros pies, la muralla que en parte todavía la rodea y a lo lejos las sierras que siguen la vega del Jalón, adivinando por el otro lado el camino que tenemos que tomar hasta llegar a Armantes.

Intentando encontrar un camino de bajada distinto, vemos que a mitad de la misma podemos tomar una senda más entretenida que el camino de subida, y en un santiamén volvemos al punto de subida para, a las diez en punto, emprender el camino por la antigua carretera de Soria hacia nuestro destino. Dos kilómetros son los que tenemos que seguir por esta carretera con escasa circulación, divisando pequeñas huertas a las afueras de Calatayud y montes de yesos con poca vegetación. Tras estos dos kilómetros algo tediosos y ya con un sol de justicia, tomamos una pista a la izquierda que nos va a conducir al Barranco del Salto, agradeciendo ya que el camino va a discurrir entre pinares durante un buen rato, exactamente casi hasta los castillos de Armantes. Quizá por este cambio de paisaje, el grupo toma un ritmo más que aceptable, tan aceptable que una hora después tiene que hacer la parada de rigor para el almuerzo de mitad de mañana. Bocadillos, fruta, trago de agua -falta ese otro de vino-, barritas, chocolate, todo a la pancha. Tras este parón reconfortante, seguimos nuestro camino alternando tramos de barranco -cómo calienta ya el Lorenzo- con otros tramos de subida por pista paralela. En esos tramos seguramente el gps de Chema se vuelve loco y es posible que no vuelva a hacerle caso al dueño en una buena temporada, esperemos que para la venidera GR ya se le haya pasado el cabreo al cacharrico. Subiendo, subiendo, china-chana, creemos que nos vamos aproximando ya a los castillos de Armantes, y digo creemos porque no los veremos casi hasta que no los tengamos enfrente. Durante todo el tramo de subida, vamos divisando la extensa masa de pinar con la que se repobló la zona a principios de los 60, masa bastante densa pero no con mucho porte.

Casi cuando ya creemos que los castillos de Armantes son un mito o un oasis en el desierto, los vemos aparecer al final del barranco. Impresionantes formaciones que han surgido por la erosión sobre el terreno arcilloso a lo largo de los siglos y que merecen la consiguiente parada para contemplarlos con tranquilidad y para inmortalizarlos en alguna que otra foto. La sola vista de los castillos ya merece la excursión. Después de discutir hacia dónde tirar, decidimos en primer lugar subir a los castillos y después atacar la subida a la Cruz de Armantes. Nos encaramamos pues hacia el castillo más oriental, cada uno a su ritmo, y enseguida llegamos arriba para contemplar las fabulosas vistas: por un lado de los valles del Ribota y del Manubles con la sierra de la Virgen al fondo -que bien merecerá alguna próxima excursión- y con la sierra de Vicor y de Algairén hacia el otro lado. Después de alguna foto más, vamos bajando a buen ritmo hasta el collado, desde donde emprendemos la subida hacia la Cruz de Armantes. Fatigosa subida, y es que los castillos nos han debido de embelesar y quitar las fuerzas, ya que ésta sí que nos cuesta algo más. Pero cuando llegamos arriba, ¿dónde esta esa cruz?, pues al fondo, bien al fondo después de andar un buen tramo de llano. Nuevamente las fotos de rigor y el descanso después de la ardua subida.

Como el hambre empieza ya a apretar y viendo que Cervera de la Cañada, nuestro destino, está a tiro de piedra desde arriba, como quien dice, decidimos con valentía desafiar la empinada cuesta y bajar todo recto en vez de volver sobre nuestros pasos, más que nada porque si no vamos a comer a las siete de la tarde. Con tiento y cuidado, salvando las matas de erizones, tomillo, aliagas y las piedras sueltas -y qué bien olerán nuestras botas después-, salvamos bastante rápido el desnivel de la Cruz de Armantes echando de vez en cuando un ojo a los castillos al fondo, que nos siguen fascinando. Ya abajo, y tras salvar un par de barrancos, bordeamos unos campos de cultivos con miedo a que el tío de la vara haga su aparición y nos atice por pisarle el terreno. Salvado el peligro, ya sólo nos queda seguir el camino que nos va a conducir al último escollo de la jornada, y que va a consistir en vadear el río Ribota. Pensando todo el rato cómo conseguir un palé que nos permita cruzar el río o cómo llegar al puente de los tres ojos que según dicen existe en algún sitio, llegamos hasta el borde del cauce para comprobar que el lobo se ha convertido en corderillo y que lo podemos pasar sin problemas saltando de piedra en piedra. Ya en la otra orilla, sólo nos queda continuar el camino para llegar a Cervera de la Cañada a eso de las tres y media tras un rato que se hace eterno por lo que nos pide el estómago y porque el Lorenzo sigue haciendo de las suyas. Y en el restaurante el Zaguán, en Aniñón, copiosa y rica comida acompañada de una buena jarra de cerveza.

Así que ni río caudaloso ni vacas, para alivio de Juan Carlos. Muy recomendable excursión de final de invierno o principio de primavera para visitar uno de esos rincones de Aragón no muy conocidos pero con mucho encanto.

PD: Excursión protagonizada por Raquel, Merche, Joaquín, Alberto, Juan Carlos, Javi y Chema.


miércoles, 21 de abril de 2010

LOS MALLOS DE RIGLOS



Crónica de una andada de las buenas...(de media montaña, con tintes de montaña entera), al menos eso dicen mis agujetas.
Bueno, el día empezó lluvioso y después de algunas llamadas y mensajes con intento de abortar el plan (que mira que menos mal que no les hicimos caso a esa panda de "pringadillos"), pues por fin nuestro jefe de andadas, el endrino jefe "Chema" y su consorte esposa la endrina jefa "Conchi", dieron la orden de salida. Conchi, que ha sido una gran compañera de camino, y yo misma, al final más bien parecía que veníamos del cotillón de Nochevieja que de rodear los Mallos de Riglos.
Pero no me adelanto a los hechos. Como decía, al final los endrinos pacharanos jefes y dos miembros de la élite del grupo Sergio y Alberto y aquí una servidora que representaba a la guardia pretoriana, nos dejamos llevar por la lluvia y los varios intentos de cambiar de destino y después de parar en Villanueva de Gallego, donde sólo estaba Azucena, una mujer de palabra, que aunque no vestida para el momento en cuestión, nos acompaño, nos invitó al café y nos amenizó la mañana un rato, hasta que ya por fin nos decidimos y nos lanzamos a la aventura de Riglos, no sin antes parar en Ayerbe y comernos unos cuantos pastelicos y dejar pasar a una vuelta ciclista, que también se ve que creían en el buen tiempo.... Ha merecido la pena!!!
Si queréis una crónica seria, solo tenéis que leer la que adjuntó Chema para su invitación, que es un fiel reflejo de lo que hemos hecho http://www.cenefos.es/2010/01/riglos-al-fin.html, la mía va a ser menos profunda en datos técnicos
Vamos, que a las 11h, nos liamos andar con los Mallos al lado y después de ver allí colgadicos a varios montañeros acechados por unos buitrecillos hambrientos, fuimos dejandolos atrás todo el camino y he de decir que pensé que lo de la Brigada Pacharana era por que se ponían ciegos del liquido del que reciben su nombre, por que yo nunca había ido a rodear algo y lo dejaba tan atrás, pero ignorante de mi....si es que los que saben, saben...en fin!
Hemos tenido de todo un poco:
Un doble de J.F. Kennedy nos salvo de morir arrastrados por un torrente marrón, que con el ataque de dulce que llevábamos, si nos da por pensar que era un río de cola-cao, no os digo yo la que se habría liao... total!! que ese río que se desprendía fuera por un canal, era nuestro paso y gracias a este buen señor, solventamos ese primer obstáculo que nos ponía el día, que sin él seguramente también lo habriamos hecho, ya que nuestros tres amables compañeros nos habrian pasado a cuestas a dos damas como nosotras, ya que los pacharanos se caracterizan por ser unos caballeros!!
Para colmo de casualidades este angel del montes conocía a Alberto y eso nos enseño que hasta los montes son pequeños y siempre te puedes encontrar a alguien conocido.
Como compañero de andada también hemos tenido al canfranero, que de repente salió de un túnel y nos sorprendió a todos que intentábamos hacerle fotos cual turistas esperando un espectáculo y las casetas ferroviarias abandonadas, que mira que tienen su encanto y hasta donde han llegado los de Torrero...y muchos más de esos que dejan su nombre escrito por las paredes, cual prehistóricos.
Gracias al cielo la lluvia nos respetó todo el día, y casi vimos el sol, para gozo nuestro y para desatino de los que se dejan llevar por las nubecillas y no nos han acompañao.
Ay! almas candidas con poca fe!!!
Después de parar a comer al lado del pantano que estaba precioso de color azul verdoso, llegó el escollo del día con la tripa llena,que fue El repechico de subida, donde pese a que intentamos pillarles la delantera Conchi y yo, nos fuimos quedando atrás y disfrutando de la conversación y del paisaje, espléndido por cierto y siempre sabiendo que nuestros tres pacharanos estarían por delante pensando "Ande andaran estas dos"..
Bueno en esos momentos de subida lo que ha ocurrido ha hecho que hayamos descubierto que un tuperware o recipiente, es muy necesario en la supervivencia, ya que teníamos tanta sed y tan poca agua, que pensamos en bebernos algún liquido incluso que saliera de nuestro propio cuerpo y claro de contorsionismo andamos flojas...pero cuando hay sed y el corazón se te sale por la garganta te bebes lo que haga falta o te llevas más agua la próxima vez y te dejas de pensar marranadas...y hablando de marranos o cerdos en su defecto, así se nos están poniendo los andares y los cuartos traseros a ambas dos con tanto deporte.
Y lo malo de una gran subida es que después viene La gran bajada..que Dios nos libre nos ha dejado los dedicos de los pies destrozaos y hasta por un momento pensamos en hacernos unos de cartón piedra, ya que al quitarnos las botas no sabíamos si estarían pegados al pie...y bueno ese ha sido el momento subidón de la endorfina o de lo que sea, aquello parecía un botellon por la falta de equilibrio y por que se ve que como aquí nosotras esto lo hacemos de ciento a viento,y el efecto del deporte en cuerpos poco acostumbrados da semejante energia y oye una juerga!!! como si nos hubiéramos fumao algo por el camino, una mezcla entre Chiquito de la Calzada y Doña Rogelia descendiendo el monte con los santos bastones de andar, que nos salvarón de más de una caida.
Pero oye casí un vicio la sensación, ya que por un momento hemos pensao en federarnos y preparar la próxima andada...y hasta hacer la GR11
Pero bueno, ya por fin entre risas y esperas de nuestros compis, que de vez en cuando paraban para ver si seguiamos vivas y para ayudarnos a saltar los árboles que se cruzaban en mitad del camino de una senda muy agradable, pues nos hemos encontrado los Mallos por el lado que no se suelen ver y por ello la vuelta dada y la excursión en concreto y ha sido impresionante la vista y el camino en si, pese al esfuerzo de hacer 16 km y andar durante unas 6 horas creo, aunque el GPS no diga exactamente eso.
Para terminar el día nos hemos tomado algo con David de "Puendeluna" otra vez en Ayerbe, más conocido como "El follonero pacharano", que también nos alegro un rato la tarde...y volvimos a comprar unos cuantos pasteles y bollos de recuerdo.
En definitiva un día muy agradable, en muy buena compañia, que nos ha hecho entender que para ver las cosas desde arriba hay que subir, y si las quieres ver por atrás hay que rodearlas muy de lejos y que no siempre llueve en todos los sitios a la vez.
Un placer de domingo y espero que podamos seguir viendo montes y riendonos juntos y que los "pringadillos" que se han rajao se dejen de tanta juerga y nos acompañen de una vez.
Un abrazo de la agujeta pretoriana, con posibilidades de tener un dedo menos.


Fdo. Isabel G. "La Reina del Fieltro"

Nuestro agradecimiento a Juanjo Cenefo, por sus consejos para la realización de esta ruta.

jueves, 8 de abril de 2010

DEL SANTUARIO DE RODANAS A LA BUITRERA (y II)

Todo el grupo con la carrasca centenaria

En vista de la hora, decidimos dejar otros objetivos previstos (Monegré y Pico del Águila) para mejor ocasión, y centrarnos en El Objetivo Irrenunciable: el restaurante de Rodanas. Emprendimos el descenso a toda la velocidad que unos pacharanos famélicos son capaces de imprimir a sus pasos. Bajada por la pedrera clavando talones, con vistazos atrás para contemplar la silueta de la ya vencida Buitrera, y hora y pico de pista con vistazos al aparatico, que nos bajaba la moral informándonos de cuantísimo nos faltaba por llegar al añorado restaurante.

Entramos en el restaurante a eso de las cuatro menos cuarto. Allí nos esperaban Conchi y Elena, dos seres inteligentes que no buscaron ninguna excusa para ir a comer: fueron directamente al restaurante y punto. Antes de sentarnos a la mesa, tuvimos una visión: estaba allí, en la pared del restaurante...eso que veíamos tenía que ser ¡¡¡EL BÓVIDO!!! Si no está su foto acompañando esta crónica, lo estará...

Y qué os voy a contar de la comida... de primero, dos opciones: judías de ayuno, con un poco de cebolla y vale, o migas con huevo, chorizo y longaniza. ¿Hace falta aclarar qué escogimos todos? De segundo la unanimidad pacharana se rompió porque entre seis chuletas de ternasco o un chuletón, la elección ya no era tan evidente. Postre, café, por supuesto PACHARÁN, y para rematar el día, visita al santuario de Rodanas y a la curiosa carrasca centenaria que estaba al lado, a la que se llegaba a través de un no menos interesante olivar.

Esto es todo, amigos. Sólo falta por añadir ¡¡¡un aplauso a la organización!!!

Nota: Esta es la segunda parte de la crónica de Rodanas y la Buitrera, que por motivos desconocidos, nuestro reportero Juan Carlos no nos hizo llegar a la redacción de este blog. También se desconoce el paradero de la foto del bóvido, no del bóvido en si, que está en el restaurante Hermanos Andrés en el Santuario de Rodanas.


miércoles, 7 de abril de 2010

DEL SANTUARIO DE RODANAS A LA BUITRERA


¿Para qué madrugar si vamos al lado de Épila, a 50 Km por autovía, a dar un paseíco antes de comer? No lo parecerá, pero teniendo en cuenta que quedamos a las 8 en el campus, empezar la andada a las 10 fue milagroso, porque en esas dos horas tuvimos que pasar...¡¡¡por Alicante!!! El Alicante es un bar de Torrero al que tuvimos que desviarnos para recoger a un pacharano que salió de casa sin llaves ni mochila y que tuvo que darse una vuelta por Zaragoza para conseguir otras llaves... para más señas, el líder y organizador de la excursión...¡¡¡en qué manos estaba nuestro destino!!! En fin, ni caer en el Alicante es un castigo ni andar era nuestro principal objetivo, para qué nos vamos a engañar, así que nos tomamos tranquilamente un cafecito y Longasmán aprovechó para meterse entre pecho y espalda un pedazo de churro de palmo y medio con chocolate en los extremos...más que un churro parecía una mancuerna. Después del redesayuno pusimos rumbo al santuario de Rodanas, cerca de Épila y Ricla... eso sí, ya que sales de casa hay que aprovechar para ver mundo, así que dimos un rodeo pasando por Muel (el bar Muel no existe, listillos; me refiero al pueblo).

A eso de las 10 llegamos al inicio de la excursión. Sin ninguna excusa más para retrasar el principio de la andada, nos echamos al monte cinco pacharanos: el Chema, el Longasmán, la Mariángeles, el Alberto y el Juan Carlos. Todo un equipo curtido en tres miles... (¿que se escribe junto? No, no, separado: TRES MILES: tres montes de mil metros cada uno), con cursos de alta montaña (vale, sí, por fascículos...igual nos los leemos algún día), ¡¡¡con horas y horas en El Serón respirando alpinismo!!!, que miraba por encima del hombro lo que no parecía más que un paseíllo: tres ridículos montículos de menos de mil metros, sin nieve, sin hielo, sin nada que escalar... ¡Qué atrevida es la ignorancia! Un poquito más de respeto a la “baja montaña”, que encierra dificultades para las que ni los himalayistas están preparados: al Pauner querría ver yo rodeado de aliagas salvajes (o selváticas); habría que ver si el Juanito Oyarzábal conseguía esquivar al tío Eusebio, el propietario del sembrado que tuvimos que pisar; habría que ver a la Pasabán intentando orientarse por los cerros de Épila... porque las vías para subir al Everest están descritas en cualquier sitio: pones en google “subida Everest” y te salen miles de entradas, pero tú pon “subida Monegré” y ya verás qué risa. No había en todo el camino ni un cartel, ni una señal, ni una azafata que nos acompañara... ¡nada! Pero el equipo pacharano tenía un arma secreta: su denominación inglesa es yipiés, en español se traduce por gepese y en correcto hablar de Aragón podemos llamarle el cacharrico. El Chema, propietario del cacharrico, veía en la pantalla unas rayas y nos iba diciendo “por aquí...por allá”... y oye, lo clavó. Ni una embarcada, ni una enriscada... ¡¡Chema, que te puedes dejar las llaves si quieres, pero el cacharrico no te lo olvides para la próxima!!

El cerebro mononeuronal del cronista no da para recordar muchos detalles del camino. Pistas que aparecían y desaparecían, los sembrados del tío Eusebio, campos de almendros en flor (¡qué preciosidad!), laderas llenas de plantas punzantes de todo tipo...Y finalmente, la subida a La Buitrera por un estrecho barranco sorprendentemente frondoso. Nuestros informes indicaban que en una de las rocas del barranco se hallaba una pintura rupestre, en concreto un bóvido... lo buscamos con fe, con ilusión y empeño hasta que uno de nosotros hizo la pregunta clave: “¿qué ostias es un bóvido?”... como respuesta solo se oyó el eco y todos entendimos que la búsqueda había terminado. Continuamos hacia La Buitrera bajo la atenta mirada de un buitre que esperaba que alguno de nosotros se despeñara por la pedrera final, pero no le dimos ese gusto. Llegamos a la cima a eso de la una y media. Buenas vistas de la val del Jalón, con la sierra de Algairén al fondo, del pico del Rayo, del castillo de Mesones (habrá que visitarlo un día, que a vista de prismáticos promete) y del Moncayo (con nubarrones agarrados a su silueta... lástima). Y hambre. Muchísma hambre.

Fotos de María Ángeles L. (en la foto de grupo no sale, gajes de ser la fotógrafa oficial)

Texto de Juan Carlos M. (que tomaste antes de escribir esta crónica)

viernes, 2 de abril de 2010

EL GALACHO DE LA CARTUJA Y EL SOTO DEL FRANCÉS




Jueves Santo, 1 de Abril de 2010
¿Qué podemos hacer en Zaragoza en plena Semana Santa? ¿Ir de procesiones? Correcto, pero no de las que conocemos todos con tambores, nazarenos, pasos, etc, sino de esas en las que te vas al campo y te llevas a parte de tus hermanos y sobrinos (incluido un perrillo), vaya, de domingueros en jueves.
Después de mi sorpresa cuando parte de mi familia aceptó venirse conmigo, me repuse de mi perplejidad, y "diseñe" una rutica para novatos, críos y perros. La elegida fue por el galacho de La Cartuja y el Soto del Francés (gracias Senderos de Aragón). Solo quedaba coger mi mochila, y partir, no sin antes percatarme del enorme tamaño y peso de la de Conchi, pero no le dí mayor importancia.
Nos dirigimos hacia La Cartuja, la pasamos, y nos desviamos en la siguiente entrada, hacia la depuradora, cruzamos la carretera por encima de la autovía, en la rotonda siguiente, creo, es la primera a la derecha, y a unos 20 metros, un camino sale a la izquierda hasta unas casa de campo, dónde una vez pasadas cogemos el de la derecha durante 1 km aprox. hasta un mirador de madera que se eleva unos 3 metros como observatorio de toda la zona: galacho, bosques, aves, etc. Aquí empezamos a andar.
Tomamos dirección Castellón, por así decirlo, pasando por una especie de puente con buenas vistas al galacho. Una vez pasado y por camino, cometemos el primer desmán, no tener fé ciega en el líder, y en vez de bordear el galacho, continuamos recto por un camino sin ningún encanto y perdiéndonos gran parte de la visita al galacho. Sea como fuere, todos los caminos llevan a Roma, léase casas de Lierta, dónde previa visita a unos corrales con ovejas, caballos, etc, pillamos una pista y nos plantamos así como el que no quiere en el majestuoso Ebro, que baja lleno y con una velocidad endiablada.
Desde aquí vamos remontando el río a través del Soto del Francés, bosque de ribera lleno de vida y verdor, y dónde los avistamientos de aves se van produciendo uno detrás de otro: rapaces, cigüeñas, cormoranes, gaviotas, patos, etc. Mientras el entorno nos llena de serenidad, solo rota por los gritos de Adrián y los ladridos de su perrrita Mika, vamos disfrutando de un paisaje cercano a Zaragoza, y que mis hermanos desconocían totalmente. Chino chano, nos plantamos en un pequeño bosque de pinos, dónde a su vera han dispuesto unas mesas para descanso, comidas y partidas del caminante. Y dónde se descubrió el porque de la mochila tan pesada de Conchi.
Lo que de esa mochila salio nos dejo a todos atónitos, tal que no puedo enumerar todas las clases de viandas que aparecieron sin adquirir un nuevo servidor de gran capacidad. Hasta una pandereta de chipirones hizo su aparición, que fue devuelta a corrales por falta ya de hambre, y porque... no habíamos traído ninguno abrelatas. Yo creo que a estos cazadores de alta alcurnia que hacen monterías y les llevan al monte hasta un catering, comen peor.
Luego seguimos remontando hasta una playa de gravas por la que presumiblemente pasaba el camino que surcábamos y dónde en medio del río hay una mejana de grandes proporciones. Un poco más arriba, tomamos un camino a la izquierda, que nos lleva hasta unas casas, dónde pasamos con los coches en nuestro acercamiento al aparcamiento.
Tarde aprovechada, buen tiempo, paisajes relajantes, merienda estupenda, solo me queda una duda: ¿Senderismo en familia o con la familia?

martes, 30 de marzo de 2010

DE SAN SEBASTIÁN A PASAJES SIN BARCO



Entre la ruta de pinchos por el casco viejo de San Sebastián el viernes por la noche, y la visita a una sidreria en Astigarraga el sábado por la noche, había que hacer hueco en nuestras agendas para los senderos costeros del Cantábrico, que a su vez hicieron hueco en nuestros estómagos, que ya veían en la lejanía el chuletón que se les avecinaba.
Pues dicho y hecho, Conchi, Charli y Chema, el equipo Ché, madrugaron para realizar el trayecto que separa la ciudad de Donosti hasta Pasajes, por los caminos más cercanos al mar. Salimos del casco viejo, lugar donde estaba nuestro hostal, para cruzar el puente de Zurriola, tomar el paseo de la playa del mismo nombre, una vez dejado atrás el Kursaal. Al final de dicho paseo empezamos la subida al monte Ulía, desviándonos para ver de cerca el agitado mar hasta la punta de Mompas, lengua de roca, que a modo de quilla se introduce en el Cantábrico. Una vez de vuelta al camino principal fuimos bordeando los acantilados, dejando a la derecha la senda de subida a la cima del Ulía, hasta la bahía de Ulía, también conocida como cala Murguita.
De allí alcanzamos, pasando antes por varios restos de un antiguo acueducto y una fuente, el Faro de la Plata, situado en un promontorio y lugar muy adecuado para hacer fotos hasta quedarte sin carrete. Ya solo nos quedaba seguir bordeando la costa hasta la vertiginosa bajada al farolillo de Pasajes, faro que señaliza la entrada a la ría, continuar por el paseo pudiendo ver lo que parecían unos astilleros, y llegar al Falcón Crest, ehhhh?
No es euskera, es el apodo como conocen allí a una tasca pegada al mar dónde nos comimos unos chicharros, rapé y salmonetes, bañados con un txacolí, aderezados con un brazo de gitano, café y ese pacharán que nos ha hecho famosos. Sitios así ya no quedan.
Por cierto, esta ruta coincide en parte con el Camino de Santiago del Norte, exactamente con su primera etapa, Irún - San Sebastián. Ya de vuelta, en busca de bus urbano pudimos contemplar los preparativos para una regata de traineras que se preparaba para la tarde.

Pero eso es otra historia.

lunes, 22 de marzo de 2010

PICO GRATAL (1563 M.)


El 21 de marzo del 2010 cinco miembros del grupo Brigada Pacharana (Chema, Sergio, Javier, Alberto y Pablo) desafiaron a las previsiones meteorológicas (85% de lluvia) y a todos los frentes que cruzaban la península y se lanzaron al ataque de la Peña Gratal (1563 metros) y Picos de la Calma Alta (1584m) y Calma Baja (1452m) ubicadas en las sierras exteriores que dan comienzo del Pirineo, a pocos a kilómetros de la ciudad de Huesca. Tras dejar el coche en la Hospedería de Arguís a 970 metros, el primer incidente surgió cuando en el kilómetro 0.01 (a 10 metros del coche) un miembro del equipo sufre una caída produciéndose heridas leves en una mano pero que le permitieron seguir su camino tras ser atendido por las asistencias de la excursión. El pequeño embalse de Arguís, que acumula hasta 3 hectómetros cúbicos para el riego gracias a las aguas del río Isuela, se cruza por su presa sorteando a los numerosos pescadores que junto con los cormoranes luchan por las apreciadas truchas de repoblación que pueblan sus aguas.

El camino discurre en ascenso durante 3 km junto al pantano en dirección oeste, hasta una curva donde un diminuto cartel de madera nos invita a seguir remontando el barranco de La Gabarda. Rápidamente el sendero gana altura siguiendo el barranco y próximo a un gasoducto. La humedad del barranco y su orientación norte facilitan el crecimiento de un pequeño bosque mixto de hayas, pinos y boj, constituyendo estas hayas una de las masas más meridionales del Pirineo Aragonés.

A 1400 metros alcanzamos los llanos de Fenes?? que recorremos tranquilamente para reponer fuerzas mientras nos aproximamos al gran peñasco calizo que forma la Peña Gratal, que surge súbitamente entre los llanos por los que caminamos. Tan solo restan ciento cincuenta metros de penosa subida entre vegetación para alcanzar la cumbre. Tras casi tres horas, paradas incluidas, los cinco miembros alcanzan su primer objetivo del día, con 13 grados de temperatura en la cumbre, viento en calma, cielos muy nublados y escasa visibilidad; tras las fotos de rigor y firma en el libro de visitas, dimos cuenta de bocadillos acompañados por vino, café, torta, queso, croquetas, longaniza, etc.

Tras el descenso del resalte rocoso retrocedemos parte del camino para coger un sendero que en poco más de media hora nos lleva al vértice Geodésico del Pico del Gratal a 1542 metros de altitud. Continuamos nuestro camino hacia el collado del Pico La Calma. El camino, sin perder altura, comienza a perderse y en poco tiempo nos vemos envueltos en un tupido bosque de pinos, erizones y boj. El avance resulta muy lento y penoso, demostrando todos los miembros del grupo su habilidad, experiencia y templanza para avanzar en este tipo de terreno. Algo arañados por la vegetación alcanzamos el collado. Tras consultar planos, GPS, horas de luz, situación atmosférica, se decide, primando el principio de prudencia, dejar el Pico de la Calma para otra ocasión.

Mapa en mano buscamos un sendero de vuelta que pierde altura y nos dirija nuevamente hacia el embalse de Arguís. El comienzo no es fácil; la senda está totalmente cubierta de placas de hielo que son salvadas, no sin problemas, por los experimentados excursionistas. El sendero desciende junto al barranco de El Bayón que vuelve a mostrarnos un nuevo pequeño bosque de hayas salpicado de tejos. El empinado sendero no deposita de nuevo en el amplio camino del valle que nos lleva de vuelta a la presa en poco más de media hora. Durante todo el día los miembros del equipo charlan sobre nuevas excursiones, organización de eventos deportivos (fútbol), cenas, así como formas de comunicación del grupo (e-mail, blogs, facebook,…), sin olvidar chistes, chismes, etc que por falta de espacio no podemos reproducir.

Tras 17.7 km y cinco horas y media de marcha los cinco miembros están de regreso en el coche. Para celebrarlo solo faltaba las cervezas y refrescos en el bar de Arguís.

Ya de vuelta los medios de comunicación dieron cuenta de la excursión. Al ir a repostar gasolina en la entrada de Huesca un equipo de Antena Aragón interrogo a nuestro chofer, Chema, sobre incidencias en el puerto de Monrepos, resolviendo la comunicación del tráfico de manera eficiente.

Un curiosa forma de acabar el día.

Hasta la próxima


Texto redactado íntegramente por Pablo F.