viernes, 2 de abril de 2010

EL GALACHO DE LA CARTUJA Y EL SOTO DEL FRANCÉS




Jueves Santo, 1 de Abril de 2010
¿Qué podemos hacer en Zaragoza en plena Semana Santa? ¿Ir de procesiones? Correcto, pero no de las que conocemos todos con tambores, nazarenos, pasos, etc, sino de esas en las que te vas al campo y te llevas a parte de tus hermanos y sobrinos (incluido un perrillo), vaya, de domingueros en jueves.
Después de mi sorpresa cuando parte de mi familia aceptó venirse conmigo, me repuse de mi perplejidad, y "diseñe" una rutica para novatos, críos y perros. La elegida fue por el galacho de La Cartuja y el Soto del Francés (gracias Senderos de Aragón). Solo quedaba coger mi mochila, y partir, no sin antes percatarme del enorme tamaño y peso de la de Conchi, pero no le dí mayor importancia.
Nos dirigimos hacia La Cartuja, la pasamos, y nos desviamos en la siguiente entrada, hacia la depuradora, cruzamos la carretera por encima de la autovía, en la rotonda siguiente, creo, es la primera a la derecha, y a unos 20 metros, un camino sale a la izquierda hasta unas casa de campo, dónde una vez pasadas cogemos el de la derecha durante 1 km aprox. hasta un mirador de madera que se eleva unos 3 metros como observatorio de toda la zona: galacho, bosques, aves, etc. Aquí empezamos a andar.
Tomamos dirección Castellón, por así decirlo, pasando por una especie de puente con buenas vistas al galacho. Una vez pasado y por camino, cometemos el primer desmán, no tener fé ciega en el líder, y en vez de bordear el galacho, continuamos recto por un camino sin ningún encanto y perdiéndonos gran parte de la visita al galacho. Sea como fuere, todos los caminos llevan a Roma, léase casas de Lierta, dónde previa visita a unos corrales con ovejas, caballos, etc, pillamos una pista y nos plantamos así como el que no quiere en el majestuoso Ebro, que baja lleno y con una velocidad endiablada.
Desde aquí vamos remontando el río a través del Soto del Francés, bosque de ribera lleno de vida y verdor, y dónde los avistamientos de aves se van produciendo uno detrás de otro: rapaces, cigüeñas, cormoranes, gaviotas, patos, etc. Mientras el entorno nos llena de serenidad, solo rota por los gritos de Adrián y los ladridos de su perrrita Mika, vamos disfrutando de un paisaje cercano a Zaragoza, y que mis hermanos desconocían totalmente. Chino chano, nos plantamos en un pequeño bosque de pinos, dónde a su vera han dispuesto unas mesas para descanso, comidas y partidas del caminante. Y dónde se descubrió el porque de la mochila tan pesada de Conchi.
Lo que de esa mochila salio nos dejo a todos atónitos, tal que no puedo enumerar todas las clases de viandas que aparecieron sin adquirir un nuevo servidor de gran capacidad. Hasta una pandereta de chipirones hizo su aparición, que fue devuelta a corrales por falta ya de hambre, y porque... no habíamos traído ninguno abrelatas. Yo creo que a estos cazadores de alta alcurnia que hacen monterías y les llevan al monte hasta un catering, comen peor.
Luego seguimos remontando hasta una playa de gravas por la que presumiblemente pasaba el camino que surcábamos y dónde en medio del río hay una mejana de grandes proporciones. Un poco más arriba, tomamos un camino a la izquierda, que nos lleva hasta unas casas, dónde pasamos con los coches en nuestro acercamiento al aparcamiento.
Tarde aprovechada, buen tiempo, paisajes relajantes, merienda estupenda, solo me queda una duda: ¿Senderismo en familia o con la familia?

1 comentario:

Javier dijo...

Muy buena la crónica. Por nuestra parte nos gustó mucho la excursión, también la merienda. Yo creo que ya podias preparar otra de similares características.
Javi, Lara, Adrián y Mika.