viernes, 27 de noviembre de 2009

MONTE AIZKORRI, DESDE EL SANTUARIO DE ARANZAZU

La sierra de Aizkorri, toma nombre del Monte Aizkorri, que es uno de los que se ve en la foto superior. El pasado 15 de Noviembre, como actividad de senderismo del CAU, nos fuimos a subirlo, desde el Monasterio de Aranzazu, lo cual supone superar un desnivel de 820 m en un tiempo de unas 6 horas (incluidas paradas). El camino hasta la cima es una subida progresiva, suave en el primer tramo entre bosques de hayas, mas fuerte, desde los prados que se pueden ver en la foto, hasta la cima. Entre medio de los dos tramos, están las campas de Urbía, paraíso de los pastos vascos.
La subida la iniciamos a eso de las 11:30 de la mañana, con lo cual, nos encontramos mucha gente de bajada ya, suponemos que para disfrutar de una buena comida en alguno de los restaurantes que hay alrededor del Monasterio de Aranzazu. El collado de Elorrola da entrada a las campas de Urbía, donde siguiendo una hilera de abedules a estilo de paseo, nos sitúa en la ermita, y seguidamente en un fonda, cerrada ahora, y supongo que para el verano estará abierta. Me imagino allí disfrutando de ese paisaje con una cerveza en la mano en una terraza, superior.
Desde allí, la sierra parece infranqueable, pero los abedules nos marcan el camino a iniciar, muy útiles en días de niebla. Al rato comienza este bello y riguroso ascenso que escala los contrafuertes rocosos, seguidos de una senda de alta montaña con unos últimos tramos llanos.
Arriba ya, nos topamos con un refugio y una ermita, y tras subir unos últimos escalones, el Monte Aizkorri se encuentra bajo nuestros pies, ofreciéndonos en su otra vertiente el núcleo de Zegama, y una vista del Txindoki, otra de nuestras ascensiones.
El descenso se hace largo, por el mismo camino de subida, pero la felicidad de haber alcanzado una de las cumbres más emblemáticas de Guipuzcoa, será suficiente motivación para llegar al punto de partida, el Santuario modernista de Aranzazu.
Lástima que no pudiéramos visitarlo, y es que 8 horas de autobús y 6 de camino, no dan para mucho más. Si vuelvo otra vez, iré en verano.

lunes, 9 de noviembre de 2009

I BELMONTADA EXTREMA (y última)

BELMONTE DE GRACIÁN

20 y 21 de Junio de 2009, de Zaragoza hasta Belmonte de Gracián, 2 valientes (Chema y Tomás), 95 km, 19:50 horas andando.
Con estos breves datos, pero contundentes, uno se percata del porque del apelativo de EXTREMA. Todo comenzó hace unos 2 años, allá por los Montes de Torrero, un día con mucho aire, en una de esas andadas de rutina a nuestra querida Balseta, allá por el Cabezo de las Zorras. De repente, una bombilla apareció encima de mi cabeza y la idea se empezó a cocer a fuego lento.
De joven fui en bici por la antigua nacional, y ahora, ¿porque no voy andando?
La maquinaria se puso en funcionamiento, planos, rutas, mapas, gps, y cuando estaba todo más o menos perfilado, solo me faltaba un compañero "temerario"para acometer semejante proyecto. Cuando este insensato apareció, gracias a una ingente cantidad de engaños y cebos que le puse, iniciamos esta Belmontada, tal vez emulando a esas tropas celtíberas o romanas, que se desplazaban por la Celtiberia, con cargas de hasta 50kg, sin rechistar, sin gore-tex, sin restaurantes como el de Almonacid de la Sierra con sus 20 platos de menú. Si pienso lo que hicimos desde ese punto de vista no me parece que hayamos hecho gran cosa. Así piensa mi suegro también: "Eso que habéis hecho es una tontería", aplicando la teoría nunca escrita de que "donde no hay ganancia, la pérdida está segura".
PRIMER DÍA
Tontería o no, el 21 de Junio de 2009, nos reunimos en Valdespartera, yo acudí desde la República Independiente de Torrero, Tomás desde Vía Hispanidad, para desde allí, y atravesando ingentes hordas de heavy-metaleros (se celebraba allí donde las ferias el festival Metalway), subir a la ermita de Santa Bárbara, y echar una última ojeada a Zaragoza, que seguía allí a pesar del intenso cierzo que corría, y que nos acompañó muy a nuestro pesar, todo el día. Previamente, al resguardo de los muros que todavía quedan en pie, echamos al cuerpo el primer refrigerio de este viaje.
Tomamos dirección hacia los molinos de La Muela, caminando por las laderas que bajan hasta los pueblos de la carretera de Valencia. Desde la carretera de Madrid, cuando paso en coche se ven molinos, pero no imaginaba que hubiera tantos, nunca acababan, y ya no los dejamos hasta que se divisa la carretera de Muel a Epila, allí mismo se acaban.
El siguiente tramo, que se hizo especialmente largo nos llevaba a Alfamén. Al llegar a este pueblo, pensamos que habíamos andado tanto que estábamos en Burundi, dada la cantidad de africanos que aparecían por cualquier construcción cercana al pueblo, granjas abandonadas, casas en ruinas,... Supongo que serían gajes de la fruta. En el pueblo bebimos algo, y continuamos hasta el destino final del día, Almonacid de la Sierra, en la base de la Sierra de Algairén.
Allí nos recibieron nuestras enfermeras de noche, que nos aplicaron una vez duchados, esos masajes reconstituyentes de pies, durante los cuales pensé que estaba en el Paraíso. Tras esos cuidados paliativos, nos esperaba el restaurante de los 20 platos, pero con una cena ligera, necesitábamos más dormir y descansar que comer.
El día languidecía para nosotros, pero nadie nos podía quitar los 62 km andados, las 15 horas mordiendo el polvo por los caminos (incluidas paradas), a una media de 4,1 km/h. Ahora aquí vendría el sonido de un ronquido.

SEGUNDO DIA
No sé como pudimos levantarnos de la cama, pero al rato, ya estábamos metidos en harina, surcando esos senderos, buscando alternativas a caminos vedados para nosotros, y solo permitidos para dueños de fincas particulares. Al poco de salir de Almonacid te encuentras con una especie de reserva cinegética privada, que además de animales encerrados entre sus límites, también cuenta con el camino que pensábamos tomar. Cogimos otro que teníamos más a mano, y alcanzamos la primera cima de las tres previstas antes de llegar a destino. Bajamos al valle del Tiermas, y allí nos encontramos con nuestro primer problema del día. Un mar de zarzas nos impedía cruzar el Tiermas. Valle arriba y valle abajo hasta localizar lo más parecido a un paso hacía la 2ª tachuela del día, campo a través. Una vez alcanzada esta segunda cima, ya divisábamos la Sierra de Vicor, con su pico del Rayo, y abajo en el valle Santa Cruz de Grío, nuestro próximo destino. Ya de bajada cogimos un camino equivocado que nos abocó a un barranco, lleno esta vez de... más zarzas. Lo mismo que la otra vez, vuelta para arriba campo a través en busca del sendero perdido, y que una vez encontrado nos llevó a orillas del río Grío, dónde tuvimos que buscar un lugar adecuado para vadearlo, y seguidamente ascender por una durísima pendiente hasta Santa Cruz, dónde en una plaza con fuente, paramos a aplacar nuestra sed y calmar nuestro cansancio antes de proceder a rematar la faena.
Ya solo nos quedaba una fuerte subida hasta Viver de Vicor, barrio de Belmonte de Gracián, no sin antes constatar que una vez más nuestra ruta no era la correcta, en unos casos por desaparición de antiguas vías pecuarias, en otros por evitar transitar por caminos privados. Nuestra tozudez maña, nos impedía reblar, y una vez más encontramos nuestro camino, ¿cómo?, pues campo a través, le habíamos cogido gusto. Ya en Viver sólo nos quedaba ascender a La Concha, y desde allí todo era bajada hasta nuestro destino, BELMONTE DE GRACIÁN, dónde no nos esperaban ni las autoridades, ni gente alguna digna de mención.
Fue una idea, luego me quitó un poco el sueño, pasó a categoría de obsesión, y finalmente, una realidad, que con el paso del tiempo, me gustaría que se convirtiera en una historia de esas que comienzan así:
"Sabíais que vuestro abuelo, junto con un amigo, una vez, vino andando desde Zaragoza... "

sábado, 7 de noviembre de 2009

SALTO DE POVEDA Y LAGUNA DE TARAVILLA

Aquí estamos de nuevo para contaros mi vida por esos senderos de Dios. Esta vez adrenalina la justa, riesgo el mínimo, aventura escasa, pero risas todas. Como campo base usamos la bella ciudad de Molina de Aragón, y más en concreto el Molino del Batán, hotel rural impecable, para acercarnos a disfrutar del Parque Natural del Alto Tajo. Como novedad digna de mención citaré que es la primera excursión "en familia", para lo cual los Rodrigo aportaron dos chicos y los Navarro una chica. Digamos que este blog y sin que sirva de precedente podría cambiar el nombre para esta entrada por el de Senderos al Sol en Familia. Para aquellos que se pregunten "y que aportó Chema", les podría decir lo que no aporté: más chicos.
Chema, a lo que vamos, que te dispersas.
Este fácil paseo básicamente se trata de remontar el río Tajo hasta el Salto de Poveda y luego ascender a la laguna de Taravilla, y vuelta por el mismo sitio, para lo cual contamos con la inestimable colaboración de GR-10 (no es el nuevo fichaje de un equipo de fútbol).
Empezamos a andar cuando el Tajo cruza la carretera que une Poveda de la Sierra con Taravilla por una pista envuelta entre pinos, por la margen izquierda del Tajo, con su bosque de ribera y el marco montañoso con paredes que pasan los 1400 m. Pasados unos 45 minutos cruzamos el río por una pasarela, y empezamos a caminar esta vez por sendero. Desde este puente se puede admirar la claridad y limpieza de estas aguas, que en verano son muy recomendables para bañarse.
A la media hora, llegamos al Salto de Poveda, cascada de origen artificial, que se originó tras el hundimiento de una antigua presa de aprovechamiento hidroeléctrico, pero aún así no pierde nada de su encanto. Aquí es cuando dejamos el Tajo y en unos 20 minutos de ascensión (es la única tachuela de la ruta), llegamos a la laguna de Taravilla, laguna de montaña de 11 m de profundidad. Existe allí una área recreativa con mesas para el descanso y avituallamiento del caminante, lugar que aproveché para el bautizo de mi nueva bota de vino.
Ya veis, no siempre hay aventuras excitantes, pero rodeado de mis amigos, todo es posible.

martes, 3 de noviembre de 2009

BORREGUIL DE LA CUCA (2096m), IBON DE TORTIELLAS Y EL NUNCA ENCONTRADO SENDERO DE RIOSETA

PICO DEL AGUILA

IBÓN DE TORTIELLAS (desde el Borreguil, al fondo el Aspe si se viera, a la dcha, el barrando de Rioseta).

Esta es una ruta de esas en las que no haces nada de lo que tenías previsto, ya sea por falta clara de planificación, una logística penosa, condiciones climatológicas adversas, etc. Esta vez se dieron todas. La idea original era asistir a unas jornadas micológicas en Ayerbe (léase comer setas por un tubo en sus diferentes preparaciones), subir el Pico del Águila allá por Canfranc Estación, y volver a bajar por el mismo sitio. Lo de la ingesta masiva de setas se desestimó porque el horario, las daban para cenar, nos venía mal. El Pico del Águila, lo mismo, nos venía mal, era más complicado de lo que parecía para nuestra preparación, aunque tuvimos que reprimirnos como colosos, ya que su belleza era apabullante. Tal vez con más información hubiera caído al morral. Con lo cual el título de tamaño despropósito queda así:

Subida desde Canfranc Estación al Borreguil de la Cuca (2096m), bajada al Ibón de Tortiellas, subida a las estaciones de esquí de Candanchú, bajada a Candanchú pueblo y luego por carretera hasta Canfranc Estación.

La subida al Borreguil es muy interesante, muy señalizada, llena de construcciones hechas para evitar los devastadores aludes que se producen por esa zona, sencilla y por sendero. Comenzamos a andar desde el aparcamiento que está a la salida de Canfranc Estación, al otro lado de la carretera comienza el Sendero del Corzo, y luego entre bosques primero tomamos el barranco de Estiviellas, llegamos a una cascada llamada Cola de Caballo (1550m), hasta la Olla de Estiviellas, y al fin el collado de Estiviellas, donde un poco más arriba nos encontramos con el Borreguil, como lugar más alto de esta excursión. Por lo visto este Estiviellas debía ser un tipo importante por la zona dada la cantidad de lugares al que le han puesto su apellido.
Desde allí, por rizar el rizo, y siguiendo las indicaciones de una pareja con la que hablamos en la cima, no encaminamos al otro lado de la montaña, al ibón de Tortiellas, dónde enlazaríamos con el sendero que baja por el barranco de Rioseta hasta Coll de Ladrones y desde allí y ya por carretera hasta nuestro coche.
En dicho ibón, rodeado de montañas, la visión era demoledora, impresionante: El Aspe, el Tortiellas, el Borreguil desde abajo, etc. Sarrios pululando por los prados, una cascada a lo lejos que bajaba del Aspe y que llenaba el ibón, montañas no muy altas pero con paredes escalofriantes, que más se puede pedir. Unos huevos fritos con longaniza y chorizo y la bota de vino para pasarlos. Pues dicho y hecho, David abrió su mochila y sacó su hornillo, su sartén, su aceite, sus huevos (de 6 solo llegaron íntegros 3) y dimos buen cuenta de todo ello. Como nos daba pena tirar los huevos rotos, nos hicimos un revuelto. Por poner un pero diré que se le olvidó la sal, que puso el paisaje que teníamos hacia todos los lados. Tan extasiados estábamos que no nos dimos cuenta de la niebla que estaba cayendo y que nos impidió seguir admirando las vistas, y ahora viene lo bueno, encontrar el camino de salida hacia Rioseta.
Haciendo memoria, tomamos una dirección y otra y otra, y todas acababan en barrancos imposibles de tomar, hasta que al fin dimos con lo que pensábamos que era la salida. Nos dirigimos hacia ella, y al rato nos dimos cuenta de que era el mismo sitio donde habíamos comido. Después de valorar nuestras opciones, ya que eran las 5 de la tarde, no teníamos frontales, y a las 6 se hacía de noche (justo el día anterior habían cambiado al horario de invierno), decidimos llamar a la guardia Civil. Nos atendieron de maravilla y dijeron que vendrían a buscarnos. Estábamos esperando cuando la niebla nos dio una tregua, y pudimos apreciar la salida que vimos desde el Borrreguil, la cual no nos llevó a Rioseta, sino a Candanchú, dónde ya desde allí no teníamos perdida, aunque el camino se nos hacía bastante más largo. Bajando ya de noche oscura, viendo entre la niebla sarrios, apareció un 4x4 de la Guardia Civil, que nos bajó hasta el coche, sin más incidencias.
Aventura con todas las letras, que junto con el canón de Añisclo pasa a formar parte del Olimpo de mis excursiones.