martes, 22 de septiembre de 2009

LA LEYENDA DEL RIO Y EL CASTILLO


Érase una vez un río llamado Iber, famoso por su inconformismo, ya que no le gustaba fluir siempre por los mismos cauces, y cuando le venia en gana se paseaba por las huertas de los ribereños. A veces, cuando se mosqueaba, incluso destrozaba puentes e inundaba casas.

Le gustaba mucho pasar por debajo de los escarpes donde estaba su amigo, el poderoso Castillo de Miranda, ya que podía disfrutar de esa sombra que le proporcionaban sus muros. A cambio, el río le suministraba entretenimiento y charla, a veces divertida, como cuando le contaba algún chisme acaecido río arriba, y otras más seria, pero siempre compañía. Y así fué durante siglos.

Desde su cauce veía a sus moradores observar desde su atalaya toda esa rica huerta gestionada sabiamente por un pueblo venido del Norte de Africa, y que se hacian llamar musulmanes. Estos habían diseñado una serie de canales por donde pasaba agua extraida de Iber, y que servía para aplacar la sed de tomates, berenjenas, pepinos,... Estos musulmanes las llamaban acequias, cosa nunca vista hasta ahora por ojos de cristiano alguno.

Al principio Iber se mostraba descontento por lo que consideraba un expolio de su sangre, pero al ver que servía para dar alimento a todo el mundo, cambio de parecer, y no se mostraba huraño cuando el agricultor de turno levantaba la tajadera para recoger "sangre" de sus venas.

Los años fueron pasando, Iber seguía siendo el mismo, con sus salidas de tono de vez en cuando, pero siempre generoso con las necesidades de sus vecinos. Los hombres de Africa se fueron, pero vinieron otros, casualmente los que vivían al Norte del Castillo de Miranda, y se hacían llamar cristianos. Estos al apropiarse de las fencundas tierras de huerta que dejaron sus predecesores, fueron abandonando el Castillo que habitaron durante siglos, preferían el verde y florido valle, al seco y yermo mirador.

Iber, muy triste, vió como los techos del Castillo que dieron abrigo a esos hombres se cayeron, sus paredes que les dieron sombra se fueron desmoronando, vió crecer las hierbas y zarzas por toda la ruina, vió el abandono día a día, mientras sus antiguos moradores disfrutaban de la buena vida en el "centro", en Sarakosta. Su gran amigo, su gran compañero durante tanto tiempo, estaba al borde de la desaparición total.

Iber, aguantó y aguantó durante mucho tiempo, días, años, incluso siglos, pero no pudo más de tanto sufrimiento, y un 2 de enero de 1961, decidió alejarse de su amigo, no mucho unos 500 metros, pero lo suficiente para que con el tiempo creciese entre ellos un bosque que impidiera a Iber ver la amargura de su amigo. No podía hacer más, era un río, no podía desplazarse detrás del Moncayo, para que sus moles le impidieran ver lo que no quería ver. El hubiera preferido subir a esos escarpes y arroparlo, pero ya sabemos la fobia que tienen los ríos a subir cuesta arriba. Años más tarde lo llamaron gravedad.

En los días de melancolía, Iber pedía a un conocido suyo llamado Cierzo que soplara con fuerza, y así de esta manera, con el movimiento pendular de las ramas, podía adivinar a duras penas, en lo alto del escarpe a su viejo amigo el Castillo.

Entre ellos se formó un galacho, el cual sirve de lugar de esparcimiento para los habitantes de la antigua Sarakusta. Pero lo que desconocen, es que los canales que surcan todo el galacho, no son de agua, sino de lágrimas. Lágrimas que derrama el Castillo, por la tristeza y la soledad.

Por su parte, Iber, fiel a su carácter de indomable, y cuando el dolor le domina, se acerca al Castillo, lo acaricia, le susurra, y clama venganza contra los hombres, arrasando cuanto encuentra a su paso.

sábado, 19 de septiembre de 2009

TORRES DE MOVERA (6-12-08)



Amigos seguidores de este blog, este que os habla, aburrido en casa de ver como España vapulea a Grecia a baloncesto, ha tomado una decisión, contar una batallita al estilo del abuelo Cebolleta. En esta ocasión le ha tocado el turno a un paseo mañanero de domingo que hicimos Conchi, Ana, Pablo y Chema. Se da la paradoja de que esta fue la primera aventura de Senderos al Sol, pero nunca la había comentado aquí. Pero todo llega.
Se trata de un paseo sencillo, aquí al lado de Zaragoza, muy cerca del Ebro, en una especie de meandro al estilo Ranillas, pero que no llega a dicha categoría. Unos 15 km entre campos y torres. Estos edificios no son más que casas de campo en la que vivían las gentes de Movera que cuidaban estas tierras, algunas de ellas con un aire señorial, como la de la foto de arriba, en las que se presume que aparte de agricultores vivía también algun terrateniente. La de arriba esta abandonada, con jornada de puertas abierta permanentemente, aunque valdría perfectamente para rodar una pelicula de suspense, al estilo "El crepúsculo de los dioses". También hay otras torres muy bien cuidadas y en uso, y una, la Torre Virreina, una edificación de estilo neomudéjar, de la CAI, destinada a Escuela Granja Taller para la reinserción social de transeúntes. Esta no estaba en la ruta, pero la vimos de lejos y nos acercamos.
Y por último, tengo que reconocer que en esos lugares pasan cosas raras, en los jardines crecen aviones de guerra, y de los árboles salen hermosas ninfas.

lunes, 14 de septiembre de 2009

COLLARADA (2.886 m.) 22-8-09




Hace casi un mes que subí a este piquito, acompañado de 12 montañeros más de indudable reputación, como no podía ser de otra manera, ya que casi todos ellos eran miembros del CAU. Ni siquiera ese número tan odiado por mucha gente (éramos 13 en total), impidió que coronaramos la Collarada, ni tampoco la noche de perros que pasé en ese albergue de Villanúa (dijé albergue, perdón, perrera). Los astros se habían conjuntado en nuestro favor, y la misión debía de ser cumplida, y se cumplió.

Debo dar las gracias también a esas pozas de Castiello de Jaca, donde nos bañamos tanto el día de antes, como después de bajar. A mi chófer Amaya, que con un aplomo inconmensurable, nos acercó al inicio de la ruta, La Espata. A esa fuente en Villanúa que palió con sus aguas mis calores y sudores nocturnos, quién sabe si provenientes de la ingesta de una pizza 4 quesos, del pacharán o de un licor, creo que de mora, de dudosa calidad.

Resumiendo, pedazo de montaña, y record personal mio, en mi diminuto curriculum como montañero.

domingo, 13 de septiembre de 2009

EL MONCAYO O SAN MIGUEL (2.314 metros)



Siempre que me preguntaban mis amigos, sabedores de mi afición por las montañas, si había subido el Moncayo, les tenía que contestar con la cabeza gacha (si no quería mentirles), que no, que no lo había subido en mi vida, luego venía la consiguiente guasa.
Pues, que sepais, que nunca más morderé el polvo cuando me hagan semejante pregunta, y contestaré muy orgulloso, que hoyé el citado pico, en compañia de Miguel Lafu y Armando, el 12 de septiembre de 2009, alrededor de las 12:30 hora local.
A pesar de las dificultades, tales como una ruta con bastante campo a través, la inexperiencia de varios componentes de la expedición y que no es este que les habla, la falta de esa herramienta básica indispensable en cualquier aventura que se precie, léase bota de vino, el uso de calzado inapropiado, un supuesto mal funcionamiento de mi GPS (pedazo de bulo), tobillo hinchado y bla bla bla... se consiguió el hito comentado. También diré que todo esto no hubiera sido posible sin esa tortilla de patata del Bar Venecia y otra de Armando, que no aportaron ese plus, que buena falta nos hacía. Y no quiero terminar sin mentar esa merienda, ya en Agreda, de jamón, queso, chorizo, salchichón, tortilla, que nos aportó Conchi, que aunque no venga a estas ascensiones, siempre está presente en nuestros corazones, y en nuestros estómagos.
Aún no entiendo como no salió el Ayuntamiento en pleno de Cueva de Ágreda a recibirnos y a hacernos hijos adoptivos del pueblo, ni mucho menos, como ya en Agreda, no nos dió la bienvenida la Banda Municipal.
Y como no podemos estancarnos y vivir del pasado, se abre el concurso de ideas para nuestro proyecto estrella (no sabemos si a corto, medio o largo plazo): EL ANETO (3.404 metros).
Total, mil metros más o menos que el Moncayo, que más da.

martes, 8 de septiembre de 2009

VIAJE AL INFIERNO


Este viaje, de 16 km en total, lo hicimos el 30 de agosto de 2009 los siguientes: Miguel, Guiller, Armando, Conchi y Chema. La primera parte la hicimos desde el vértice Esteban hacia Zaragoza pasando por el famoso Pino De Valdenavarro, donde almorzamos. La segunda parte, ya sin mujeres (es que no quisieron venir, malpensados), desde el citado vértice hacia Castejón, algo así como dando un rodeo largo al Centro de Telecomunicaciones instalado por el Ejército. Quién le iba a decir a ese tal Esteban que iban a poner esos radares allí.
Por destacar algo, triste por otra parte, diré que casi toda la ruta pasa entre pinares negros y cenicientos, y no es que fueran de la clase "pino negro", es que hace un año allí mismo se produjo un devastador incendio, que llego incluso hasta las puertas de Castejón de Valdejasa. La verdad es que fue mi primer paseo entre un bosque quemado, y espero que el último. La cantidad de animalicos que serían pasto de las llamas. Me imagino a ese solitario y majestuoso Pino de Valdenavarro rodeado de fuego, pero que final se salvo, y nos pudo dar sombra para nuestro almuerzo, hizo de modelo para nuestras fotos y fue cobijo para unas abejas que compartieron nuestro almuerzo.
Luego comimos en el restaurante de un hotel de Villanueva de Gállego, nadie pidió churrasco.