viernes, 27 de agosto de 2010

EL CASTELLAR (22-8-10)

VERSION 1.0

Acepté el reto de Senderos al Sol. Porque si les dices muchas veces que no, no te vuelven a llamar. Y siempre había querido caminar por esos mundos de Dios y poner a prueba mi resistencia. El reto era ir hasta la Ermita del Castellar, 11 km de nada. Llegamos un poco más tarde de lo acordado pero los víveres eran importantes, y enseguida nos pusimos en camino. Antes de llegar a la zona militar pasamos por un camino llano, amable de pasear a esas horas de la mañana. Nada más alcanzar la Finca Santa Inés, teníamos el desvío de la zona militar. Nos encontramos ya con el primer reto importante, y es que esa zona es reservada para hacer maniobras militares. Asumimos el riesgo pensando que en un domingo de Agosto no pasarían muchos militares por ahí, y la verdad es que la ida fue tranquila, viendo el paisaje agreste, desértico y atigrado tan característico de las tierras colindantes al valle del Ebro. Conseguimos bajar al barranco Salado, por dónde transcurre un hilo de agua salina, y se podía apreciar los restos de sal en los lados. El reto era continuar por un camino hasta llegar a la ermita, tan solo quedaban unos dos kilómetros hasta llegar, pero el cansancio debido a las altas temperaturas nos hizo parar a casi todo el equipo. Sólo Chema llegó. El resto nos dirigimos a la rivera del Ebro, descubriendo una zona para poder descansar y refrescar nuestros cuerpos ya muy sudados. El último reto fue sin duda alguna el más arduo de conseguir. Sin apenas agua, y con una temperaturas cercanas a los 35 grados (o más), sin sombra y muy cansados, conseguimos llegar de nuevo a la finca Santa Inés en cerca de dos horas. El ritmo no lo perdimos, ni la alegría cuando vimos el nissan de Chema venir a recogernos con agua, acuarius y aire acondicionado. Paseo recomendable, pero en Otoño.








VERSION 2.0

¿Qué hacen cinco pardillos en plena estepa, paseando un domingo de Agosto cuyas temperaturas alcanzaron los máximos del año? Buscar una Ermita, la del Castellar, situada a 11 km del Caserío de Pola. La cosa prometía cuando nos costaba encontrar la ermita allá (dónde coño es allá), probablemente debido a que ya empezábamos a ver ilusiones ópticas llamadas alucinaciones. ¿Por qué solamente llegó Chema y el resto de rajó? Probablemente porque Chema estaba haciendo puntos para llegar al Olimpo, aunque probablemente él no lo sabía. ¿Qué hicimos el resto? Bañarnos en el Ebro... sí, señores, lo han leído bien. Mojamos nuestros pies sudorosos en la propia ribera del río, el único sitio dónde estuvimos frescos. ¿Nos dio asco? Pues chico.. quizá al principio un poco, pero miro ahora mis pies y no se me han caído a cachos, con lo cual en ese punto (probablemente en ese sitio), el agua del río no es tan sucia como parece que está. ¿Cuándo llegó Chema? Como a la hora aproximadamente, sudado, cansado pero orgulloso, como buen líder que es, diciéndonos que la Ermita existía. Hay pruebas gráficas de la misma. ¿Por qué volvimos a la una y media del medio día? Yo qué sé... el tema es que nos pusimos en camino, pasando por los cadáveres de las ovejas que estaban en el barranco de la Virgen. ¿Conseguimos descansar en algún momento? Si, en la única (y perdón por la expresión) puta sombra que había en dos horas de camino. Sentadas en unas aliagas encontramos un descanso algo reparador. ¿Qué sentimos cuando llegamos a la Finca de Santa Inés? Placer, como cuando te comes una onza de chocolate. ¿Quienes fueron los auténticos héroes del domingo? Chema y Carlos, Carlos y Chema que sin agua, aún recorrieron tres km más para salvar a las damiselas que yacían, exhaustas, a la sombra de un pino. ¿Pero visteis a alguien en todo el camino? Mmmmm... No.


Belén R.

lunes, 23 de agosto de 2010

TORRERO - BALSA DE LARRALDE (21-8-2010)


Esta ruta la tenía en la agenda de retos pendientes, hace mucho tiempo. Nunca había encontrado la forma de hacerla ni la gente. Para hacerla andando ida y vuelta era un poco larga, volver en bus desde Torre Medina era posible pero poco gallardo, así que decidí hacerla en bici en compañía de mi amigo Jesús "el bombero", el único al que pude engañar. Aunque en bici, y para un profano como yo, no deja de ser dura (50 km), pensé que iba endurecerla algo más, y sólo se me ocurrió una manera: empezarla a las 12 de la mañana con temperaturas cercanas a los 40º. En realidad, no se me ocurrió a mí, es que Jesús trabajó la noche anterior y se levanta sobre las 11 de la mañana.

Lo demás es sencillo. Apareces en Torrero, ves un canal (el Imperial de Aragón), y empiezas a remontarlo por cualquiera de sus orillas, a partir de Valdefierro solo por la izquierda. Pasas por las esclusas de Casablanca, al lado de la fuente de los Incrédulos, Valdefierro, diferentes almenaras, Garrapinillos, y al final la balsa de Larralde, en el barrio de Torre Medina, llena hasta las cachas de agua y aves acuáticas, y si pides las llaves en el bar las puedes contemplar desde un observatorio.

La vuelta la hicimos por el aeropuerto, entrando en el gigantesco y desierto parque de PLAZA, donde estaba funcionando el riego por aspersión, cosa que aprovecho Jesús para darse un baño en pelota picada en compañía de su bici. ¿He dicho desierto? Casi, sólo los pasajeros que ocupaban el avión que despegaba en esos momentos pudo contemplar ese cuerpazo. Por lo demás ni un alma, ¿quién va a haber a las 3 de la tarde en un parque con árboles pequeños que no dan sombra y a 40º? Sólo dos tontos.

Luego volvimos a Zaragoza por la otra orilla, la derecha, hasta casa, la República Independiente de Torrero, dónde cogí el uniforme de bañista y me fuí a la piscina de Salduba, dónde me esperaba otra banda. Cuando entre en el agua me pareció ver a la virgen entre los pinos.

Por último y para acabar, solo queda poner la nota gastronómica, que corrió a cargo de nuestro restaurante amigo de la zona, La Buhardilla de Garrapinillos, donde degustamos unas ensaladas XXL, unas costillitas y un bacalao frito con ajos, suficiente para seguir pedaleando... hasta Fraga, si hubiéramos querido.

martes, 17 de agosto de 2010

TRINCHERAS DE ALCUBIERRE (16-8-2010)




Casi 4 meses. Ese el tiempo pasado desde mi último post. No es que no haya hecho nada por esos caminos de Dios, ni que no tuviera cosas que contar (por ejemplo la gloriosa concentración bloguera), creo que simplemente es una indolencia virtual pasajera, de la que espero reponerme con este mini relato, basado en hecho reales (espero que los cenefos no me reclamen los derechos de propiedad, aunque sé que me dirían que la historia es de todos).

Después de pasar bastante rato buscando una ruta acorde a las exigencias de Conchi (corta, sin subidas, con fuentes cada 10 metros, bancos para sentarse, sucursales de Ikea cada km, estancos con tabaco en la ruta, chiringuitos con aquarius, etc), lo único que encontré fue una "cenefada" que oportunamente acortada y maquillada, y bien vendida, nos dispusimos a hacer, con una pachorra del 10 (empezamos a andar a las 12 de la mañana).

Lo demás es sencillo de relatar. Caminos de Los Monegros, rodeados de cultivos de secano ya cosechados, y de bosques de pinos, carrascas, sabinas. Buena combinación para las fotografías. Muchas parideras, corrales, todos abandonados. Y lo que deberían haber sido surcos de diferentes cultivos regados con agua (si la hubiera en la zona), eran trincheras regadas con sangre de hace años. Aquí un monumento a los caídos, allá unos paneles informativos. Me viene a la memoria el orgullo que sentía mi abuelo cuando enseñaba su carnet de "mutilado de guerra", mientras se echaba la mano a los riñones sintiendo todavía la metralla en sus carnes.

Luego, yo fuí casi el mutilado de las iras Conchi, cuando comprobó las falsedades con las que la arrastré a visitar esta zona, y que fueron mitigadas con 2 pinchos de tortilla de patata de una factura impecable adquiridos en un bar de Santa Isabel a la ida, y 2 aquarius bien frescos a la vuelta, en Perdiguera y Villamayor. Al ser lunes festivo no le pude comprar el anillo de diamantes.

Sólo me queda dar las gracias a los amigos cenefos de este vuestro blog amigo, y parásito. Eso sí, os recomiendo su crónica, lo mio ha sido otra cosa: