miércoles, 21 de abril de 2010

LOS MALLOS DE RIGLOS



Crónica de una andada de las buenas...(de media montaña, con tintes de montaña entera), al menos eso dicen mis agujetas.
Bueno, el día empezó lluvioso y después de algunas llamadas y mensajes con intento de abortar el plan (que mira que menos mal que no les hicimos caso a esa panda de "pringadillos"), pues por fin nuestro jefe de andadas, el endrino jefe "Chema" y su consorte esposa la endrina jefa "Conchi", dieron la orden de salida. Conchi, que ha sido una gran compañera de camino, y yo misma, al final más bien parecía que veníamos del cotillón de Nochevieja que de rodear los Mallos de Riglos.
Pero no me adelanto a los hechos. Como decía, al final los endrinos pacharanos jefes y dos miembros de la élite del grupo Sergio y Alberto y aquí una servidora que representaba a la guardia pretoriana, nos dejamos llevar por la lluvia y los varios intentos de cambiar de destino y después de parar en Villanueva de Gallego, donde sólo estaba Azucena, una mujer de palabra, que aunque no vestida para el momento en cuestión, nos acompaño, nos invitó al café y nos amenizó la mañana un rato, hasta que ya por fin nos decidimos y nos lanzamos a la aventura de Riglos, no sin antes parar en Ayerbe y comernos unos cuantos pastelicos y dejar pasar a una vuelta ciclista, que también se ve que creían en el buen tiempo.... Ha merecido la pena!!!
Si queréis una crónica seria, solo tenéis que leer la que adjuntó Chema para su invitación, que es un fiel reflejo de lo que hemos hecho http://www.cenefos.es/2010/01/riglos-al-fin.html, la mía va a ser menos profunda en datos técnicos
Vamos, que a las 11h, nos liamos andar con los Mallos al lado y después de ver allí colgadicos a varios montañeros acechados por unos buitrecillos hambrientos, fuimos dejandolos atrás todo el camino y he de decir que pensé que lo de la Brigada Pacharana era por que se ponían ciegos del liquido del que reciben su nombre, por que yo nunca había ido a rodear algo y lo dejaba tan atrás, pero ignorante de mi....si es que los que saben, saben...en fin!
Hemos tenido de todo un poco:
Un doble de J.F. Kennedy nos salvo de morir arrastrados por un torrente marrón, que con el ataque de dulce que llevábamos, si nos da por pensar que era un río de cola-cao, no os digo yo la que se habría liao... total!! que ese río que se desprendía fuera por un canal, era nuestro paso y gracias a este buen señor, solventamos ese primer obstáculo que nos ponía el día, que sin él seguramente también lo habriamos hecho, ya que nuestros tres amables compañeros nos habrian pasado a cuestas a dos damas como nosotras, ya que los pacharanos se caracterizan por ser unos caballeros!!
Para colmo de casualidades este angel del montes conocía a Alberto y eso nos enseño que hasta los montes son pequeños y siempre te puedes encontrar a alguien conocido.
Como compañero de andada también hemos tenido al canfranero, que de repente salió de un túnel y nos sorprendió a todos que intentábamos hacerle fotos cual turistas esperando un espectáculo y las casetas ferroviarias abandonadas, que mira que tienen su encanto y hasta donde han llegado los de Torrero...y muchos más de esos que dejan su nombre escrito por las paredes, cual prehistóricos.
Gracias al cielo la lluvia nos respetó todo el día, y casi vimos el sol, para gozo nuestro y para desatino de los que se dejan llevar por las nubecillas y no nos han acompañao.
Ay! almas candidas con poca fe!!!
Después de parar a comer al lado del pantano que estaba precioso de color azul verdoso, llegó el escollo del día con la tripa llena,que fue El repechico de subida, donde pese a que intentamos pillarles la delantera Conchi y yo, nos fuimos quedando atrás y disfrutando de la conversación y del paisaje, espléndido por cierto y siempre sabiendo que nuestros tres pacharanos estarían por delante pensando "Ande andaran estas dos"..
Bueno en esos momentos de subida lo que ha ocurrido ha hecho que hayamos descubierto que un tuperware o recipiente, es muy necesario en la supervivencia, ya que teníamos tanta sed y tan poca agua, que pensamos en bebernos algún liquido incluso que saliera de nuestro propio cuerpo y claro de contorsionismo andamos flojas...pero cuando hay sed y el corazón se te sale por la garganta te bebes lo que haga falta o te llevas más agua la próxima vez y te dejas de pensar marranadas...y hablando de marranos o cerdos en su defecto, así se nos están poniendo los andares y los cuartos traseros a ambas dos con tanto deporte.
Y lo malo de una gran subida es que después viene La gran bajada..que Dios nos libre nos ha dejado los dedicos de los pies destrozaos y hasta por un momento pensamos en hacernos unos de cartón piedra, ya que al quitarnos las botas no sabíamos si estarían pegados al pie...y bueno ese ha sido el momento subidón de la endorfina o de lo que sea, aquello parecía un botellon por la falta de equilibrio y por que se ve que como aquí nosotras esto lo hacemos de ciento a viento,y el efecto del deporte en cuerpos poco acostumbrados da semejante energia y oye una juerga!!! como si nos hubiéramos fumao algo por el camino, una mezcla entre Chiquito de la Calzada y Doña Rogelia descendiendo el monte con los santos bastones de andar, que nos salvarón de más de una caida.
Pero oye casí un vicio la sensación, ya que por un momento hemos pensao en federarnos y preparar la próxima andada...y hasta hacer la GR11
Pero bueno, ya por fin entre risas y esperas de nuestros compis, que de vez en cuando paraban para ver si seguiamos vivas y para ayudarnos a saltar los árboles que se cruzaban en mitad del camino de una senda muy agradable, pues nos hemos encontrado los Mallos por el lado que no se suelen ver y por ello la vuelta dada y la excursión en concreto y ha sido impresionante la vista y el camino en si, pese al esfuerzo de hacer 16 km y andar durante unas 6 horas creo, aunque el GPS no diga exactamente eso.
Para terminar el día nos hemos tomado algo con David de "Puendeluna" otra vez en Ayerbe, más conocido como "El follonero pacharano", que también nos alegro un rato la tarde...y volvimos a comprar unos cuantos pasteles y bollos de recuerdo.
En definitiva un día muy agradable, en muy buena compañia, que nos ha hecho entender que para ver las cosas desde arriba hay que subir, y si las quieres ver por atrás hay que rodearlas muy de lejos y que no siempre llueve en todos los sitios a la vez.
Un placer de domingo y espero que podamos seguir viendo montes y riendonos juntos y que los "pringadillos" que se han rajao se dejen de tanta juerga y nos acompañen de una vez.
Un abrazo de la agujeta pretoriana, con posibilidades de tener un dedo menos.


Fdo. Isabel G. "La Reina del Fieltro"

Nuestro agradecimiento a Juanjo Cenefo, por sus consejos para la realización de esta ruta.

jueves, 8 de abril de 2010

DEL SANTUARIO DE RODANAS A LA BUITRERA (y II)

Todo el grupo con la carrasca centenaria

En vista de la hora, decidimos dejar otros objetivos previstos (Monegré y Pico del Águila) para mejor ocasión, y centrarnos en El Objetivo Irrenunciable: el restaurante de Rodanas. Emprendimos el descenso a toda la velocidad que unos pacharanos famélicos son capaces de imprimir a sus pasos. Bajada por la pedrera clavando talones, con vistazos atrás para contemplar la silueta de la ya vencida Buitrera, y hora y pico de pista con vistazos al aparatico, que nos bajaba la moral informándonos de cuantísimo nos faltaba por llegar al añorado restaurante.

Entramos en el restaurante a eso de las cuatro menos cuarto. Allí nos esperaban Conchi y Elena, dos seres inteligentes que no buscaron ninguna excusa para ir a comer: fueron directamente al restaurante y punto. Antes de sentarnos a la mesa, tuvimos una visión: estaba allí, en la pared del restaurante...eso que veíamos tenía que ser ¡¡¡EL BÓVIDO!!! Si no está su foto acompañando esta crónica, lo estará...

Y qué os voy a contar de la comida... de primero, dos opciones: judías de ayuno, con un poco de cebolla y vale, o migas con huevo, chorizo y longaniza. ¿Hace falta aclarar qué escogimos todos? De segundo la unanimidad pacharana se rompió porque entre seis chuletas de ternasco o un chuletón, la elección ya no era tan evidente. Postre, café, por supuesto PACHARÁN, y para rematar el día, visita al santuario de Rodanas y a la curiosa carrasca centenaria que estaba al lado, a la que se llegaba a través de un no menos interesante olivar.

Esto es todo, amigos. Sólo falta por añadir ¡¡¡un aplauso a la organización!!!

Nota: Esta es la segunda parte de la crónica de Rodanas y la Buitrera, que por motivos desconocidos, nuestro reportero Juan Carlos no nos hizo llegar a la redacción de este blog. También se desconoce el paradero de la foto del bóvido, no del bóvido en si, que está en el restaurante Hermanos Andrés en el Santuario de Rodanas.


miércoles, 7 de abril de 2010

DEL SANTUARIO DE RODANAS A LA BUITRERA


¿Para qué madrugar si vamos al lado de Épila, a 50 Km por autovía, a dar un paseíco antes de comer? No lo parecerá, pero teniendo en cuenta que quedamos a las 8 en el campus, empezar la andada a las 10 fue milagroso, porque en esas dos horas tuvimos que pasar...¡¡¡por Alicante!!! El Alicante es un bar de Torrero al que tuvimos que desviarnos para recoger a un pacharano que salió de casa sin llaves ni mochila y que tuvo que darse una vuelta por Zaragoza para conseguir otras llaves... para más señas, el líder y organizador de la excursión...¡¡¡en qué manos estaba nuestro destino!!! En fin, ni caer en el Alicante es un castigo ni andar era nuestro principal objetivo, para qué nos vamos a engañar, así que nos tomamos tranquilamente un cafecito y Longasmán aprovechó para meterse entre pecho y espalda un pedazo de churro de palmo y medio con chocolate en los extremos...más que un churro parecía una mancuerna. Después del redesayuno pusimos rumbo al santuario de Rodanas, cerca de Épila y Ricla... eso sí, ya que sales de casa hay que aprovechar para ver mundo, así que dimos un rodeo pasando por Muel (el bar Muel no existe, listillos; me refiero al pueblo).

A eso de las 10 llegamos al inicio de la excursión. Sin ninguna excusa más para retrasar el principio de la andada, nos echamos al monte cinco pacharanos: el Chema, el Longasmán, la Mariángeles, el Alberto y el Juan Carlos. Todo un equipo curtido en tres miles... (¿que se escribe junto? No, no, separado: TRES MILES: tres montes de mil metros cada uno), con cursos de alta montaña (vale, sí, por fascículos...igual nos los leemos algún día), ¡¡¡con horas y horas en El Serón respirando alpinismo!!!, que miraba por encima del hombro lo que no parecía más que un paseíllo: tres ridículos montículos de menos de mil metros, sin nieve, sin hielo, sin nada que escalar... ¡Qué atrevida es la ignorancia! Un poquito más de respeto a la “baja montaña”, que encierra dificultades para las que ni los himalayistas están preparados: al Pauner querría ver yo rodeado de aliagas salvajes (o selváticas); habría que ver si el Juanito Oyarzábal conseguía esquivar al tío Eusebio, el propietario del sembrado que tuvimos que pisar; habría que ver a la Pasabán intentando orientarse por los cerros de Épila... porque las vías para subir al Everest están descritas en cualquier sitio: pones en google “subida Everest” y te salen miles de entradas, pero tú pon “subida Monegré” y ya verás qué risa. No había en todo el camino ni un cartel, ni una señal, ni una azafata que nos acompañara... ¡nada! Pero el equipo pacharano tenía un arma secreta: su denominación inglesa es yipiés, en español se traduce por gepese y en correcto hablar de Aragón podemos llamarle el cacharrico. El Chema, propietario del cacharrico, veía en la pantalla unas rayas y nos iba diciendo “por aquí...por allá”... y oye, lo clavó. Ni una embarcada, ni una enriscada... ¡¡Chema, que te puedes dejar las llaves si quieres, pero el cacharrico no te lo olvides para la próxima!!

El cerebro mononeuronal del cronista no da para recordar muchos detalles del camino. Pistas que aparecían y desaparecían, los sembrados del tío Eusebio, campos de almendros en flor (¡qué preciosidad!), laderas llenas de plantas punzantes de todo tipo...Y finalmente, la subida a La Buitrera por un estrecho barranco sorprendentemente frondoso. Nuestros informes indicaban que en una de las rocas del barranco se hallaba una pintura rupestre, en concreto un bóvido... lo buscamos con fe, con ilusión y empeño hasta que uno de nosotros hizo la pregunta clave: “¿qué ostias es un bóvido?”... como respuesta solo se oyó el eco y todos entendimos que la búsqueda había terminado. Continuamos hacia La Buitrera bajo la atenta mirada de un buitre que esperaba que alguno de nosotros se despeñara por la pedrera final, pero no le dimos ese gusto. Llegamos a la cima a eso de la una y media. Buenas vistas de la val del Jalón, con la sierra de Algairén al fondo, del pico del Rayo, del castillo de Mesones (habrá que visitarlo un día, que a vista de prismáticos promete) y del Moncayo (con nubarrones agarrados a su silueta... lástima). Y hambre. Muchísma hambre.

Fotos de María Ángeles L. (en la foto de grupo no sale, gajes de ser la fotógrafa oficial)

Texto de Juan Carlos M. (que tomaste antes de escribir esta crónica)

viernes, 2 de abril de 2010

EL GALACHO DE LA CARTUJA Y EL SOTO DEL FRANCÉS




Jueves Santo, 1 de Abril de 2010
¿Qué podemos hacer en Zaragoza en plena Semana Santa? ¿Ir de procesiones? Correcto, pero no de las que conocemos todos con tambores, nazarenos, pasos, etc, sino de esas en las que te vas al campo y te llevas a parte de tus hermanos y sobrinos (incluido un perrillo), vaya, de domingueros en jueves.
Después de mi sorpresa cuando parte de mi familia aceptó venirse conmigo, me repuse de mi perplejidad, y "diseñe" una rutica para novatos, críos y perros. La elegida fue por el galacho de La Cartuja y el Soto del Francés (gracias Senderos de Aragón). Solo quedaba coger mi mochila, y partir, no sin antes percatarme del enorme tamaño y peso de la de Conchi, pero no le dí mayor importancia.
Nos dirigimos hacia La Cartuja, la pasamos, y nos desviamos en la siguiente entrada, hacia la depuradora, cruzamos la carretera por encima de la autovía, en la rotonda siguiente, creo, es la primera a la derecha, y a unos 20 metros, un camino sale a la izquierda hasta unas casa de campo, dónde una vez pasadas cogemos el de la derecha durante 1 km aprox. hasta un mirador de madera que se eleva unos 3 metros como observatorio de toda la zona: galacho, bosques, aves, etc. Aquí empezamos a andar.
Tomamos dirección Castellón, por así decirlo, pasando por una especie de puente con buenas vistas al galacho. Una vez pasado y por camino, cometemos el primer desmán, no tener fé ciega en el líder, y en vez de bordear el galacho, continuamos recto por un camino sin ningún encanto y perdiéndonos gran parte de la visita al galacho. Sea como fuere, todos los caminos llevan a Roma, léase casas de Lierta, dónde previa visita a unos corrales con ovejas, caballos, etc, pillamos una pista y nos plantamos así como el que no quiere en el majestuoso Ebro, que baja lleno y con una velocidad endiablada.
Desde aquí vamos remontando el río a través del Soto del Francés, bosque de ribera lleno de vida y verdor, y dónde los avistamientos de aves se van produciendo uno detrás de otro: rapaces, cigüeñas, cormoranes, gaviotas, patos, etc. Mientras el entorno nos llena de serenidad, solo rota por los gritos de Adrián y los ladridos de su perrrita Mika, vamos disfrutando de un paisaje cercano a Zaragoza, y que mis hermanos desconocían totalmente. Chino chano, nos plantamos en un pequeño bosque de pinos, dónde a su vera han dispuesto unas mesas para descanso, comidas y partidas del caminante. Y dónde se descubrió el porque de la mochila tan pesada de Conchi.
Lo que de esa mochila salio nos dejo a todos atónitos, tal que no puedo enumerar todas las clases de viandas que aparecieron sin adquirir un nuevo servidor de gran capacidad. Hasta una pandereta de chipirones hizo su aparición, que fue devuelta a corrales por falta ya de hambre, y porque... no habíamos traído ninguno abrelatas. Yo creo que a estos cazadores de alta alcurnia que hacen monterías y les llevan al monte hasta un catering, comen peor.
Luego seguimos remontando hasta una playa de gravas por la que presumiblemente pasaba el camino que surcábamos y dónde en medio del río hay una mejana de grandes proporciones. Un poco más arriba, tomamos un camino a la izquierda, que nos lleva hasta unas casas, dónde pasamos con los coches en nuestro acercamiento al aparcamiento.
Tarde aprovechada, buen tiempo, paisajes relajantes, merienda estupenda, solo me queda una duda: ¿Senderismo en familia o con la familia?