sábado, 25 de diciembre de 2010

PANTANO DE MEZALOCHA, MARGEN IZQUIERDA (4-12-10)



Una vez estuve cuando anochecía en este pantano, y ya me llamó la atención. Hace unos días visitando un blog de naturalismo, ví unas fotos de la zona, lo que hizo que algo se me removiera por dentro y me dijera a mi mismo: "Hay que volver". Pero esta vez con más tiempo. Así que mochila y carretera. Desde Zaragoza y en dirección hacia Teruel, llego a Muel, de dónde sale una carretera que en 5 km me acerca a Mezalocha, dónde atravesando el casco urbano (no sin problemas, ya que una hormigonera inoportuna me impedía el paso), accedo por un camino hasta el pantano.
Una vez aparcado el coche, en la margen derecha, y con un día soleado y de buena temperatura, paso por delante de la Casa del Pantano, cruzo la presa y remonto la margen izquierda por una senda, que luego llega a una zona de almendros y viñas, no olvidemos que esto es territorio del Cariñena. También pude observar endrinos. Enlazo luego con un camino que procede de la ctra. que une Mezalocha con Villanueva de Huerva, y en el que al ser un embalse navegable, un cartel nos previene contra el mejillón cebra. Llego a un punto en el que la única alternativa de continuar es bajar al lecho del pantano, que en su parte superior esta seco, exceptuando los meandros que hace el río Huerva, cuyas limpias aguas llenan el embalse. Así que realizo lo más parecido a lo que escribió Julio Verne es sus "20.000 leguas de viaje submarino", pero sin agua. Llega un momento en que el Huerva circula pegado a una pared, y en la que eché en falta esa silga que nos ha salvado de un chapuzón en otras aventuras, y que me impidió el paso.
Las alternativas de vuelta eran o por el mismo camino o cruzar el río y volver por la margen derecha. Entre que iba sin bastones, no había un lugar muy claro para vadearlo ni conocía la otra margen, opté por la primera elección, pero esta vez pegado al pantano, por los campos de cultivo, y en los que pude apreciar todos los encantos de este coqueto pantano.
El pantano está rodeado de paredes verticales, ideales para la practica de la escalada, para los humanos, y como lugares de anidamiento, para muchas aves, especialmente buitres, de los que hay una colonia muy numerosa. Más abajo, en las aguas, un constante ir y venir de garzas y cormoranes, y hasta un vehículo incrustado en el agua, que supongo que caería por un cortado desde un campo de almendros. Así pude ver las muchas cuevas que hay en la zona, dos de ellas muy grandes y que se ocultan cuando el nivel sube al máximo.
Así que deshaciendo lo andado, me presento en el coche, dónde me como el bocata, y como me quedo con hambre, de aventura, me acerco a Muel, dónde visito una vez más su parque con la presa romana y descubro por casualidad un pasadizo que corre paralelo al parque, como si hubiera sido un acueducto, pero excavado en la roca, y con buenas vistas a la cascada del Huerva. Y para casa, pero en vez de carretera y manta, fue café y carretera.
Un día inolvidable, y que sin ningún preparativo previo, me llevo a lugares desconocidos, sin ver a un alma, y de los que te cargan las pilas para unos días. Eso sí, la margen derecha del embalse de Mezalocha, nos espera con sorpresas, estad atentos a este blog.

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