LA LEYENDA DEL RIO Y EL CASTILLO

Érase una vez un río llamado Iber, famoso por su inconformismo, ya que no le gustaba fluir siempre por los mismos cauces, y cuando le venia en gana se paseaba por las huertas de los ribereños. A veces, cuando se mosqueaba, incluso destrozaba puentes e inundaba casas. Le gustaba mucho pasar por debajo de los escarpes donde estaba su amigo, el poderoso Castillo de Miranda, ya que podía disfrutar de esa sombra que le proporcionaban sus muros. A cambio, el río le suministraba entretenimiento y charla, a veces divertida, como cuando le contaba algún chisme acaecido río arriba, y otras más seria, pero siempre compañía. Y así fué durante siglos. Desde su cauce veía a sus moradores observar desde su atalaya toda esa rica huerta gestionada sabiamente por un pueblo venido del Norte de Africa, y que se hacian llamar musulmanes. Estos habían diseñado una serie de canales por donde pasaba agua extraida de Iber, y que servía para aplacar la sed de tomates, berenjenas, pepinos,... Estos musulmanes la...